Opinión: Cómoda antes que nada
Cada par de zapatos nuevos que me compro los uso sin descanso, como si fuera el único par que tengo. He conocido gente que me ha preguntado por qué uso tan seguido el mismo par y si necesito otro. La verdad es que no tengo una respuesta concreta, pero creo que tiene que ver con la importancia de sentir que cada pequeña parte que compone mi atuendo debe sentirse familiar, cómoda y conocida.
Tener cosas nuevas me fascina, pero debo usarlas hasta el cansancio para que empiecen a sentirse parte de mí. Parece algún tipo de tendencia mañosa, lo sé. Sin embargo, creo que tiene un poco que ver con la manera en la que encaro las experiencias. Vestirse, calzarse y prepararse para salir, lejos de ser un procedimiento personal de encuentro con uno mismo, a veces se convierte en un proyecto de proyección hacia el otro.
Un proyecto que, en repetidas ocasiones, pierde el encuentro con la importancia de sentirnos cómodos, conocidos, familiares con nosotros mismos. Eso nos pasa cuando seguimos ciegos una moda, que definitivamente no nos favorece y terminamos pareciendo personajes de Halloween o los integrantes clonados de alguna película de ciencia ficción, en la que todos son iguales. He tenido terribles épocas de estilos, desde parecer más a un pequeño skater que a una niña delicada. He pasado por épocas en la que los leggins han sido mi vida, los tenis de correr mi mejor aliado, incluso en momentos en que ameritaba un buen par de tacos.
“¿Tú sabes caminar en tacos?”, alguien me preguntó una vez. A lo que respondí: “Sí, solo cuando lo amerita. Los tacos son especiales, hermosos y, definitivamente, una invitación para llevar a cabo una buena proyección. Debo admitir que me costó bastante subirme a ellos, pues, para mí, la comodidad es simplemente insuperable a la estética. Tengo algunos tacos que son mi zona de confort y me permiten sentirme en casa, incluso cuando estoy fuera de ella.
Tacos, leggins, tenis, zapatos, solo ejemplos de épocas, tendencias y pequeñas partes que componen mi atuendo. Partes que han sido usadas sin descanso hasta conformar una especie de mezcla de recuerdos que habita en mi clóset. Recuerdos que se traducen en experiencias y que de alguna manera hacen de la pieza del atuendo un espacio familiar, cómodo y conocido. Un espacio donde encuentro un pedazo de mí, en especial cuando encaro al mundo.
La importancia de sentirme yo se traduce en cada gesto que hago, desde vestirme y calzarme hasta, y en especial, regresar al estado más perfecto de la desnudez en la intimidad del hogar. En un momento en que todo parece ser tan impersonal, superfluo y desarraigado, no puedo dejar de pensar en las suelas de mis Nike verdes viejos y en la cantidad de recuerdos que acarrean, en los recuerdos que me hacen sentir como me siento: cómoda, conocida y familiar.