Opinión: Sobre "El hombre biónico", ¿puedo opinar?
He pensado mucho en ese hombre biónico que me dejó sin aliento el día que lo observé correr. Fue titular antes, durante y después de las Olimpiadas Londres 2012. Los periodistas construyeron historias alrededor de sus habilidades y elogiaron su proyección a partir de sus malformaciones. Impartió una enseñanza, a pesar de las limitaciones físicas. Pero el amo y señor de las pistas con piernas biónicas, Oscar Pistorius, dejó de ser esa figura de superhéroe y ahora es el principal sospechoso del asesinato de su novia, Reeva Steenkamp. Esta semana es su juicio en Sudáfrica y, obviamente, la cubierta periodística será muy distinta de los reportajes que se publicaron en las Olimpiadas 2012. Menciono el caso de Pistorius porque es un buen ejemplo de diversos contenidos que tienen como figura principal a la misma persona. Son distintos temas, pero, sin embargo, el grado de subjetividad inmerso en los reportajes es el mismo. Es decir, los periodistas opinaron y exteriorizaron su punto de vista. ¿Es prudente que un periodista dé su opinión?
El periodismo objetivo ya no existe, y todo periodista tiene el derecho a un elemento subjetivo en su historia. El problema no es si las audiencias aceptan esa nueva manera de hacer periodismo, sino cómo ese periodista opina. La culpa de que ahora nos aferremos a la subjetividad de la noticia la tiene la inmediatez y el estilo. Todos los medios de comunicación han atravesado grandes cambios económicos y tecnológicos, por lo que ahora quien prevalece es el que logre llevar la noticia más rápido. Es obvio que en ese afán de llegar primeros se pueden cometer muchos errores. Para muchos ha sido difícil adecuarse a esos cambios y comprender que en los medios de comunicación lo que no se transforma tiene los días contados. Entonces, era natural que se sepultara la manera tradicional de hacer periodismo. Que estemos de acuerdo o no eso es otra cosa.
El caso de Pistorius ha puesto sobre la mesa nuevamente ese debate periodístico sobre qué se debe decir y cómo. El caso, en términos legales, es inusual porque el propio Pistorius ha reconocido que él lo hizo y se tiene claro cuándo, dónde y cómo. Lo que no se sabe es por qué disparó. La fiscalía sostiene que se trata de un caso de violencia de género, pero la defensa plantea que Pistorius pensó que le estaba disparando a un intruso. En esa búsqueda del porqué es que se ha disparado la subjetividad en la información publicada y, por ende, en linchamiento público de una persona que todavía se esta juzgando.
La subjetividad del periodista ocasiona animosidad en el público y no es difícil entender por qué. Atreverse a plantear o analizar el caso cubierto no hace al periodista menos ético. Por el contrario, ocasiona que los que te lean, escuchan y vean entiendan que no eres un simple recogedor de información que vierte esta en un plato de sopa y allí se queda. Hay que atreverse a analizar críticamente la información recopilada. En la mayoría de las ocasiones, en ese ponderado análisis se encuentra el porqué de lo que se cubre.
A Pistorious, aparte de sus prodigiosas habilidades deportivas lo que le queda es su credibilidad (estoy opinando), porque a fin de cuentas él es la única persona que conoce lo que sucedió esa noche que falleció su novia (¿observaron el elemento de subjetividad?). ¿Está Pistorious mintiendo o dice la verdad? ¿Es Pistorious símbolo de la violencia machista? A Pistorious no lo salva nadie y menos en un país número diez en el mundo por homicidios contra la mujer. Quien adjudicará la prueba y decidirá si es o no culpable es una respetada jueza que en su veredicto esbozará también su grado de subjetividad.
De ese lamentable incidente, en el que se observa claramente la intención de matar, aunque le otorguemos credibilidad a la versión de Pistorious, aprendemos cómo se desmoronan cúspides olímpicas. Nunca más Pistorious será Pistorious el Héroe Biónico de las Pistas. Vivirá el resto de sus días añorando encontrar la paz por el remordimiento de lo ocurrido. Esa noche había un ser humano detrás de la puerta.
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