Opinión: No todos son curas pederastas
Con espanto y dolor leo desde la lejanía todas las noticias que últimamente se han publicado en la prensa sobre los “curas pederastas”. Mi gente, el papa Francisco nos invita a “armar líos”, pero líos que lleven a las almas al cielo, no al infierno. Hoy mi corazón sacerdotal sangra por mi Iglesia y por mis hermanos sacerdotes acusados inocentemente y desacreditados públicamente.
Soy sacerdote y periodista. Tengo mis serias reservas sobre la forma en que algunos medios de comunicación han cubierto este asunto. Parece que prima el morbo y el comercio antes que la verdad. Las investigaciones tienen que hacerse en un ambiente de suma responsabilidad y confidencialidad. De lo contrario, corremos el riesgo de destruir vidas inocentes, vidas de hombres que se han entregado a Dios por completo a través del sacerdocio ministerial. ¿No crees en esto? Por lo menos, ¡respétalo!
No defiendo a “curas pedófilos”. Hacerlo, iría en contra de mi propia conciencia cristiana y sacerdotal. Pero puedo asegurarle al pueblo de Puerto Rico que existen acusaciones que son ¡falsas!, motivadas únicamente por el deseo de hacer mal y desacreditar la figura sacerdotal. Ser sacerdote en Puerto Rico es un reto. A diario no sabes lo que te espera (creo que por eso mi familia sufre tanto por mí). Hoy te aman, mañana te crucifican. Nos han quitado nuestra humanidad y espontaneidad, pues ahora ni siquiera podemos saludar afectuosamente a nuestros fieles, pues no sabes quién irá al obispo para acusarte. A los curas los suspenden y los destruyen rapidito. ¡Qué horror!
Si juegas con niños, eres pedófilo; si caminas con adolescentes, eres homosexual; si andas con adultos, son tus amantes, y si compartes con viejitos, quieres quitarles el dinero. ¿No son estos síntomas de una sociedad enferma? ¿Quién ha sido el responsable de esto? ¿Algunos miembros de la jerarquía de la Iglesia, que velan por los nombres de las “víctimas”, mas no por los nombres de los sacerdotes, deberán cambiar en algo? En estos últimos días he llegado a pensar seriamente si ser sacerdote vale la pena… Siempre llego a la misma conclusión: ¡sí!
Sueño con una Iglesia que respete, cuide y ame a los sacerdotes. Que al culpable lo procese con respeto y al inocente lo defienda con coraje. Quiero una Iglesia en la que las personas salgan a la calle a demostrar que a los sacerdotes se les respeta: ¡¿en dónde están nuestros laicos?! Quiero una Iglesia santa, como santo es su fundador. Quiero una Iglesia que dé verdadero testimonio de caridad, fraternidad y de amor: empezando por nosotros, ¡los curas! Amén.
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