Opinión: Las carteras de las mujeres

Por Natasha Sagardía @NatashaSagardia

20 feb 2014, 11:00 pm 2 min de lectura
Opinión: Las carteras de las mujeres

Solía soñar que al llegar a casa, mientras buscaba en mi cartera las llaves, me sorprendía un ladrón y me asaltaba. Me levantaba agitada y miraba a la puerta por si de casualidad ese ladrón hubiese entrado; entonces decidía una vez más, y sin éxito, que cambiaría mi cartera enorme por una más pequeña con solo un bolsillo. La carteras de las mujeres son un tipo de Triángulo de las Bermudas, una especie de nébula o agujero negro  del universo donde todo se pierde y todo existe.

Para algunas mujeres las carteras son casi una necesidad femenina; para otras, un medio de trabajo; para unas pocas, las carteras son como una especie de arma que te separa del  ser humano promedio, que solo carga lo que necesita. En mi caso, y dentro de la transformación en mi nueva etapa de madre, mi cartera es lo único que me sigue recordando que el tamaño sigue siendo mi problema, no lo que está adentro.

De repente me veo con pañales, cremitas y tal vez una media suelta, que aún no me explico cómo se coló en el agujero negro de mi cartera. Todo esto comparte un espacio privilegiado junto con mi wallet, con mis identificaciones, mis tarjetas y algunos billetes con los que me muevo. Asimismo, está a la par de mis libretas de trabajo y mi agenda con cronograma, el celular, las llaves, los tres bolígrafos, monedas y el bolsito de maquillajes, que dentro de él, a su vez, es un universo aparte.

 Si fuera siempre todo blanco y negro, mi cartera representaría el desorden de mi cabeza, digo, según popularmente dicen del orden y los gustos de cada quien. Sin embargo, la cartera de cada mujer es una especie de orden perfecto, donde existe una complicidad íntima entre quien la carga y el momento en que todo se pierde cuando alguien extraño busca en ella.  Cuando le pido a alguien que busque dentro de ella, simplemente no encuentran.  A mí me pasaba en la de mi madre, tía o abuela, simplemente las cosas que habitan dentro de las carteras de una mujer son cómplices, casi camaleónicas, de la intimidad de sus dueñas. Desde aquel sueño recurrente que me levantaba en mis noches de vivir sola, mi cartera sigue siendo un espacio que me hace reflexionar sobre mi universo, el espacio de lo que queda, de lo que sobrevive, de lo nunca deja de existir y de lo que casi de manera inconsciente uno sigue guardando sin ni siquiera recordar que lo puso ahí. Ya no sueño que no encuentro las llaves dentro de mi gran cartera. Supongo que ya no me da miedo buscar en ella. Ahora simplemente meto la mano y saco de mi universo lo que salga. Después de todo, allí todo se pierde y todo existe.

Te recomendamos estos artículos:

  1. Así reaccionan adultos ante un niño con frío
  2. Científico predice que para 2030 el mundo finalmente colapsará
  3. [Infográfica] Así es una yal