Opinión: Salir del estancamiento pensando en el próximo feriado
Dijeron en algún momento que Puerto Rico ocupaba el número uno en el mundo y que los puertorriqueños éramos los más felices.
No creo que de verdad lo somos. A alguien le dio con que este archipiélago es una bachata constante, en el que todos tomamos piña colada y olemos a Banana Boat, y nos colocó en esa linda lista. No somos la foto en el diccionario al lado de infelicidad mundial —porque nuestros genes nos protegen—, pero los más felices no somos.
Para mí que, cuando nos bautizaron así, en vez de hacer encuestas directas, fueron al calendario de días feriados. Y se dieron cuenta de que tenemos una buena cantidad entre los feriados estatales y feriados federales, y dijeron: “YES! ¡Los más felices!”.
Son más de 20 en una isla pequeñísima. Pero claro, nuestra manera de ser no solo es alegre y fiestera. Tiene un medio impulso a comer gofio, que alegra al más y al que menos. Y, además de esos 20, nos tomamos otros 20 que sumamos a gusto y confort. Porque oye, ¿cómo voy a ir a trabajar el viernes antes del lunes feriado? ¿Cómo es que me están arruinando el party y que, en lugar de tres días libres, no los puedo subir a cinco? ¡O a seis! Porque el martes de verdad que voy a necesitar ir al dentista. “Es que el dentista no trabaja sábados ni días feriados”. ¿Qué, quéééé?
Y como encima vivimos en el Caribe, la amenaza huracanera nos rodea buena parte del año. Y eso en Puerto Rico es party. Primero desaparecen las cervezas de la góndola del supermercado que las linternas de la ferretería.
He sido empleada de gobierno, empleada privada y contratista independiente. Mi filosofía siempre ha sido el que falta un viernes, lunes o un martes después de un feriado, a menos que sea por estricta confirmación de dificultad, no debe volver. No porque las leyes no le protejan, sino por estricto orgullo personal.
Una vez siendo jefa en la empresa privada me dio tanto estrés por estar enferma inmediatamente después de Semana Santa que llegué a la oficina ronca, con fiebre y sudando. Le di los buenos días a mi jefe, me miró raro y empezó a toser. Para mi sorpresa, no me dijo: “Vete a tu casa”. Me invitó a entrar a su oficina y me preparó un menjunje de agua con extracto de toronja y una pastilla roja. Me miró fijamente hasta asegurarse de que ya había consumido todos los brebajes y me dijo: “Avísame si quieres que llame a mi médico, que llega aquí en menos de una hora”. Jesucristo, mi Señor…
Los días feriados son buenos. Celebran vida y obra de gente de gran aportación. Pero también son una joda. La gente no sabe ni qué día se celebra. Porque aquí la educación se limita a que hay party y ocio a la vista, no qué aportaciones celebramos hoy.
Eso es muy diferente en países de Latinoamérica, por ejemplo. Les pregunto y te sacan la enciclopedia de la cabeza diciéndote quién es quién y por qué se le celebra. Benito Juárez en México, es Benito Juárez, el libertador de México. San Martín en Sudamérica, es San Martín de los Andes, el libertador de Argentina, Chile y Perú. Y por supuesto, Simón Bolívar es Simón Bolívar, el libertador de Venezuela, Colombia y Bolivia. No son un olvidado feriado de playa. Hasta el niño de primer grado sabe quiénes son.
Confieso que no me acuerdo de todos los feriados y que a veces resiento internamente trabajar en esos días —que es casi siempre—, pero no me aprovecho tampoco. Porque para celebrar el nacimiento del Niño Dios, ¿por qué tengo que estar tres días antes entre médicos, compra de juguetes y filas de supermercado con cargo a tus licencias laborales, muchas veces a cuenta del erario? De hecho, soy tan mala con los feriados que siempre me doy cuenta el día antes, por lo que planificar viajes y escapadas alrededor de ellos está descartado.
La historia de los pueblos es complicada y maravillosa, pero muy sacrificada. Hostos, Muñoz, De Diego, Luther King no son días feriados. Son glorias verdaderas que cambiaron nuestra manera de ser hoy.
Asociarlos con la vagancia y el gofio es un mal homenaje a su legado. No podemos aspirar a salir del estancamiento cuando solo pensamos en el próximo feriado.
Y, en el caso de la abolición de la esclavitud, me parece tan injusto que se celebre con vagancia.
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