Opinión: El amor
Mañana es el día que alguien, probablemente vinculado al comercio, designó para celebrar el amor. Lo celebraremos. ¿Por qué no? ¿Por qué rechazar ceder a esta bonita presión social si genuinamente lo hacemos? Yo celebraré con mi esposa y mi familia. Ahora bien, hace falta que un amor más profundo se haga sentir en estos momentos, el que es hacia el país. Conozco de varias campaña publicitarias, organizadas e improvisadas, que andan por esa onda. No está mal, pero necesitamos mucho más.
Tenemos tres degradaciones en las costillas, sin contar las que le han tocado al sector privado por default. Reconociendo que se tratan de acciones de un influyente grupo de especuladores del capital con motivos infundados o no, con esto hay que bregar.
El problema del país es uno que tenemos que trabajar a todos los niveles. Ayer, estando en el Departamento de Educación cubriendo una reunión para Noticentro, veía cómo ya —a 48 horas de San Valentín— desfilaban los arreglos florales. Me preguntaba si ese amor que florecía por esos pasillos donde la burocracia se traga nuestro sistema educativo algún día se traducirá en un mayor compromiso con el país. Ayer precisamente burócratas buscaban en esa oficina ponerles fin a las largas semanas de espera por las que tienen que pasar comunidades con escuelas en deficientes condiciones. Esperamos que así sea.
Necesitamos amor por el país desde el Gobierno, los sectores dominantes, sindicatos y todos aquellos que tendrán que sentarse en una mesa a dialogar y buscar las avenidas correctas para resolver el problema a largo plazo.
Ayer también, antes de tener ese reality check con los burócratas del Departamento de Educación, estuve con estudiantes que estaban siendo reconocidos por sus buenas notas. Allí conocí a Camalia y Noelia, de San Juan, y a Luis, de Manatí. También, a Gloriane. Esta última me dijo que estaba decidida a ser maestra. Ella estudia en una escuela de Fajardo. Me demostraba más amor por su país que muchos en los círculos de poder. Vi muchos padres comprometidos, y eso brinda esperanza.
El pasado fin de semana estuve en Guajataca, en un campamento de los niños escuchas. Allí vi mucho amor por la naturaleza y de padres e hijos. En mi grupo, además de mi Rafa, vi cómo ese compromiso con los nuestros, producto solo del amor, hace la diferencia. Vi cómo los rostros de Rey, Javi, Jorge Andrés, Kai y Rafael Pelayo cambiaban con las experiencias que tenían.
Así que a repartir amor, manifestado en compromiso, mañana y todos los días.
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