La transmisión de sentencias es como Mr. Cash
No es que no tuviera tema para hoy, esta columna la entregué tarde porque nadie quiere tirar piedras sobre su propio techo de cristal. Este escrito va retrasado porque me dio trabajo empezar a escribir algo que sé que va a hacer que ustedes, quienes me leen, destilen ese odio que les encanta.
Dicho eso, les cuento que las cámaras dentro de las salas judiciales me molestan. Siento que esas cámaras van a hacer que la dama de la justicia se quite la venda de los ojos, salga corriendo y sea ahora un payaso de circo, con los ojos bien abiertos, quien agarre la balanza que sostiene a nuestras leyes.
Tener cámaras dentro de una sala judicial se presta para burlas de un proceso que supone ser serio. Y si lo dudan, los invito a buscar la parodia que Noche Ilegal hizo de la vista de lectura de sentencia a Pablo Casellas (muchachones de mi alma… se les fue la mano).
Las cámaras dentro de las salas judiciales son simplemente un fenómeno. Unen a las familias frente al televisor de la misma forma que lo hace Mr. Cash. ¿Por qué Mr. Cash? Simple, unos ven este programa porque les entretiene y otros lo ven para juzgar a quienes participan del mismo.
Asimismo, estas cámaras logran que, con una bolsa de popcorn en la mano, disfrutemos del mal ajeno. Sí, del mal. Porque el estar en vivo mientras se recibe una sentencia judicial es un castigo adicional. Es otra pena, pero una pena y una vergüenza por la que solo pasan unos cuantos.
Así que pregunto, ¿Por qué unos cuantos? ¿Por qué unos tienen que pasar ese proceso de que se les quite la libertad frente a un país completo? ¿Por qué unos sí y otros no?
Me impacta el exceso de insistencia para transmitir la lectura de sentencia a Pablo Casellas, pero nadie ha dicho nada para transmitir el caso de los acusados de Ponce que acribillaron a tiros a un joven solamente porque entró a la calle incorrecta.
¿Buscamos intentar educar al país a través de esas transmisiones o buscamos que suban los ratings? Yo sé la respuesta… no vuelvo a preguntar.
Miente el que diga que el pasado jueves no se vio un espectáculo en todos los canales del país. Yo estuve allí, y había tantas cámaras como en el talent show de mi escuela. No se sentía como algo serio, se sentía como el evento el año. Todos, incluyéndome, nos tuvimos que olvidar de la parte humana de este caso, es nuestro trabajo.
Sobre el lado legal de todo esto, lo único que voy a decir es que pienso –y recuerden que esto es pura opinión- que las cámaras dentro de las salas van a afectar los procesos judiciales. Menos personas van a querer testificar, pues se volverán parte de la palestra pública (y eso no todo el mundo lo quiere). Más abogados van a usar la línea “mire a esa cámara, dígale al pueblo de Puerto Rico que usted mintió”. Los abogados y fiscales se convertirán en personalidades de la farándula y, en honor a la verdad, nadie ve a la farándula con el respeto y la seriedad que se debe ver a una persona que representa la ley.
Finalmente, se hizo la trasmisión y su éxito fue celebrado con la misma felicidad que yo celebro cuando me doy cuenta que rebajé cinco libras. Sin embargo, seamos un poquito racionales. Celebramos porque no es un familiar nuestro el que está ante las cámaras. Celebramos porque tenemos esa idea de que esa persona es mala y nosotros no. Celebramos porque nos gusta juzgar y que asumimos que las personas son culpables hasta que se demuestre lo contrario… somos un pueblo que se siente con la peligrosa autoridad de juzgar y ahora lo podemos hacer en vivo.
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