Opinión: No sea maceta... ¡dé propina!

Por Dennise Y. Pérez @denniseypr

4 feb 2014, 11:00 pm 4 min de lectura

Estamos en momentos de dificultad económica. Sé de gente que ha a comenzado a cortar de aquí y de allá, para ver cómo se las arreglan ahora o para ver cómo evitan tener que arreglárselas después.

He visto el temor incluso entre quienes pensaría que no tienen problemas para darse algunos gustitos de más. Sé de algunos que ya han comenzado a hacer sus listitas para organizarse. El otro día fui testigo de la creación de una que me dio un poquito de alivio porque no me veía reflejada. La persona cortaba salidas al cine, clases de yoga, grooming, el jardinero y “la señora que limpia”.

Yo veo Netflix, no hago ejercicios, no tengo perros, vivo en un tercer piso y no limpio. Digo, limpio, pero limpio yo o limpia una persona cuando yo la llamo porque  siento que mi hábitat va tornándose caótico. Pensé que no necesitaría “listita”. Nada más lejos de la realidad.

La hice y me dio un poco de risa. Elegí cortar en laundry, compra de ropa (carteras, accesorios y zapatos incluidos), viajes, médicos, salidas a comer y propinas. Las cosas se vuelven mucho más sencillas de entender cuando uno las enumera. Tuve un novio una vez que decía que, cuando me iba de vacaciones, le descuadraba el mes a la del beauty y a la del laundry, pero también al mesero de mi parrilla favorita. Lo decía en broma pero en serio. Lo que uno gasta en esas cositas es una barbaridad si sacas cuenta a fin de mes.

Y yo siempre pienso que puedo cortar de todo un poco menos en la propina. Esa parte se me hace difícil. Quizás es por la tendencia casi enferma que tengo de dar “gracias”. No sé en qué momento comencé a sentir un grado tan alto de empatía con el que da cualquier servicio, ya sea desde una lavada de cabeza en el beauty, la mujer que va de vez en cuando a ayudarme con el apartamento, el que me sirve en un restaurante o el que me lava el carro en el car wash. Será porque reconozco en mi propina que, al acudir donde ellos a buscar ese servicio, estoy derivando una especie de placer enorme por no tener que hacerlo yo.

Así que, además del servicio, que genera un dinero que quien sirve solo ve en un pequeño porciento, la propina es el verdadero equivalente al “muchas gracias”.

Soy malísima en matemáticas, pero me las juego todas calculando la propina. Yo siempre daba el 10 % y luego el 15 %. Me he cogido recientemente dando el 18 % si es una cosa bien buena. Y alguito de más si realmente la persona se “ranqueó” en servicio.

Pero he pasado malos ratos también, sobre todo cuando voy en grupos, por ejemplo, a comer. Hay gente que es tacaña, punto, y no ve en la propina un “gracias” en proporción al servicio. La pasan divino y después se hacen los chivos locos al momento de dar propina. Yo soy un poco el colmo, porque he tenido ocasiones en que he recibido mal servicio y, aun así, he dado propina, pensando que la persona quizás no estaba en su mejor momento y sabrá Dios qué cosa personal estaba atravesando. Pero respeto al que no da propina, porque punto, fue un servicio malo. Ahora, no dar propina por tacaño es inaceptable.

Esa persona que le sirve de seguro pasa horas y horas trabajando porque depende en su mayoría de esa propina que usted le da. Son héroes sin reconocimiento, con historias muchas veces durísimas. ¿O cree usted que cuando iban creciendo no querían también ser médicos? Y si ahora que las cosas apuntan a que se van a poner malas, usted va a cortar en la propina, imagínese cómo le va a ir a él.

He tomado una decisión. Pienso cortar en médicos, esperar a que me duela algo. Pienso cortar en carteras, que total no tengo ya dónde colgarlas. Pienso cortar en ropa, si de todos modos estaré en dieta. Cortaré en accesorios, porque parezco ya hija de Shaka Zulú. Cortaré comidas porque no puedo pagar las clases de yoga. Cortaré en viajes y no buscaré ir en primera. Pienso limpiar yo misma para sudar lo que me como y la limpieza de mi guagua, helloooo, siempre puede esperar. Total, que lleva 10 años esperando. ¿Qué, quééé?

NO pienso cortar el laundry porque odio la plancha y le hice una promesa al Divino Niño cuando era pequeña y pasaba mis horas libres echándole Niágara a las arrugas de hilo. Y no cortaré en la propina.

No importa cuán chavaos estemos. No sea maceta. ¡No corte en la propina! Mejor no se bañe un día a la semana… pero dé propina… Diga “gracias”.

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