Me molestan, pero no los atropello
Envidio a los ciclistas porque siempre tienen las piernas gordas, las nalgas duras y un bronceado perfecto. A veces, mientras conduzco, me molesta tener que compartir la carretera. No por eso los atropello.
Yo no corro bicicleta en la calle porque tengo demasiado miedo a morir. Me da pavor que un carro me de un cantazo.
Quizás, esa desconfianza en la calle me la pasaron mis padres que nunca me dejaron correr bicicleta en la carretera porque “va a venir un carro y te va a llevar ‘enredá’”. Quizás, esa desconfianza viene de todas las veces que veo en las noticias que un conductor atropelló a un ciclista y se fue a la fuga (aunque estoy consciente de que no todos son tan irresponsables).
No porque la combinación calle-bicicleta me de estrés significa que los ciclistas estén mal. Si yo puedo usar mi carro, ellos pueden usar su bicicleta. Lo que sí está mal es que las acciones incivilizadas de algunos puertorriqueños hagan que nos de miedo andar sobre dos ruedas en la calle.
Yo no les voy a decir que, a veces, cuando tengo prisa y tengo que estar detrás un ciclista —porque algunas calles del país no tienen un carril extra— no me enfogono. Claro que me molesta, yo siempre tengo prisa. Compartir la carretera me quita tiempo y (el que me conoce sabe) yo no comparto ni mi comida.
Claro que el saber que puedo llegar dos minutos antes a mi destino si no tuviera a ese ciclista cerca causa que la espalda se me caliente de coraje. Miro mal al ciclista que va frente a mi. Aprieto el guía. Respiro hondo. Bajo la velocidad. Comparto el espacio como ser racional que soy.
Es normal sentir incomodidad al compartir. A nadie le gusta, pero hay que hacerlo. ¿Cómo podemos llamarnos “gente” si no podemos dividir un espacio? ¿Cómo podemos decir que somos mejor que los animales cuando nos destruimos por terreno? ¿Cómo podemos criticar al país cuando golpeas a un ciclista y sigues tu camino como si hubieras caído en uno de los tantos hoyos que tienen nuestras carreteras?
No es normal que haya que tener miedo de correr bicicleta en la calle. No es normal que una persona le de un golpe “sin querer” a otra y no haga algo al respecto. No es normal que no le tengamos respeto a la vida de los demás. Somos egoístas.
En fin, yo no pretendo cambiar los pensamientos de nadie. Cada quien es dueño de su opinión. Pero las opiniones no dan derechos. Tú, como yo, puedes opinar lo que quieras de los ciclistas, ¡pero no le puedes pasar por encima!
Yo molesto a mucha gente en la carretera: guío mal y envío mensajes de texto cuando la luz está roja. La gente me tiene que tocar bocina. Nadie me atropella. Así que, en esa misma línea, a mi me molestan los ciclistas en el medio de la calle y no por eso los atropello.
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