Opinión: WIPR... ¿Obsoleto?

Por Rafael Lenín López @LeninPR

29 ene 2014, 11:00 pm 2 min de lectura

Con el respeto que se merecen mis compañeros de WIPR, creo que esa corporación pública es obsoleta tal y como opera en la actualidad.

Y antes que me venga el aguacero, esta misma vara la podremos aplicar sobre el resto de los medios de comunicación, pero, cuando se trata de una corporación pública y no de un negocio privado, el asunto nos concierne a todos.

Aprovechando la coyuntura de la designación que se ha hecho para la presidencia del canal del Estado, debemos preguntar si amerita mantenerlo. Si la contestación es sí, entonces es imperativo reinventarlo.

WIPR ha tenido sus tiempos de gloria. Hace décadas era un brazo importante del Departamento de Educación. En las pasadas dos décadas, la filosofía administrativa ha variado. Ello lo marcan producciones emblemáticas recientes, como Desde mi pueblo y Cultura viva. Habiendo resumido fugazmente su historia, ¿qué impacto tiene WIPR en la actualidad? Con pesar hay que decir que es ínfimo.

Claro, la pretención realista no es que la gente comente la programación de WIPR como ocurre con el chisme del día que transmite la televisión comercial a las seis de la tarde. Esa es la utopía.  Pero sí debemos aspirar a un canal público con impacto social.

La Corporación de Puerto Rico para la Difusión Pública debe convertirse en una gran casa productora con la capacidad de exportar sus trabajos de modo que los medios comerciales aquí y en el exterior compitan por adquirirlas.  Esto, tras muchos consejos de la industria, lo planteó el actual gobernador durante la campaña electoral.

Esa corporación debe estar al servicio del sistema educativo otra vez, pero ahora de una manera dinámica como requieren los tiempos,  así como de la Escuela de Comunicación Pública de la Universidad de Puerto Rico.

WIPR debe mantener su contenido cultural, educativo e informativo al servicio del país que tenemos. Solo así, en medio de una crisis fiscal, podemos reclamar y mantener una estructura administrativa, al igual que ocurre en casi todos los países del mundo.

Allí trabajan excelentes periodistas, fotoperiodistas, técnicos, productores y artistas.  Pero les comanda un aparato que ha permanecido en un marasmo que debe terminar para dejar de ser inconsecuente ante el país.

Para improvisaciones en los medios,  ya tenemos suficiente con quienes tiran al aire al primero que llama diciendo que fue jurado de Pablo Casellas. Por eso, cuando del canal público se trata, hay que exigir más.

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