Opinión: Maldito plagio
El plagio es maldito en aquellos que se refugian en él y luego se jactan de eruditos. A esos tarde o temprano el plagio les juega una mala pasada. Es maldito cuando te descubren y el mundo se entera de que no eres tan sabio. Qué vergüenza cuando todos conocen que lo que escribiste no es tuyo y se lo robaste a tu amigo, a tu profesor, a un periodista, a un escritor, al filósofo que nos acompañó en nuestros estudios, en fin, al verdadero autor. Las personas que padecen de este mal por atribuirse lo que no es suyo son deshonestas porque recurren al artificio para expresarse. Va más allá. Desde el punto de vista ético, la persona no tiene integridad. ¿Qué se puede esperar de una persona como profesional cuando desde sus estudios está acostumbrado a plagiar?
El problema es que aquel que tiene esa mala costumbre y viola todos los cánones estudiantiles y profesionales continúa toda la vida cultivando esa falta de honestidad y ni siquiera se da cuenta de la ofensa a los que defendemos los derechos de autor. Todos los años observo casos en la universidad y decenas en la profesión. Para quienes no saben el copy y paste es plagio. Pero comencemos por la universidad. No tienen idea de cuántas veces les he repetido hasta el cansancio a los estudiantes las consecuencias del plagio. Me imagino que dirán: “Allí viene esta con la misma cantaleta”. Hace un tiempo, un estudiante me aseguraba que lo que había escrito era suyo y que su análisis crítico le había tomado horas. Su texto lo había plagiado de un portal cibernético que publica supuestas monografías. El estudiante fue expulsado porque el plagio constituye una ofensa grave en las universidades. Incluso conozco casos en los que la injuria conlleva la no aceptación como estudiante en ninguna universidad reconocida. El exestudiante no lo he visto más, pero de seguro aprendió que su afrenta es imperdonable en una escuela de periodismo.
Ahora pasemos a los casitos en la profesión. Un compañero periodista de prensa escrita que aprecio mucho me dijo: ¨Por favor, deberían por lo menos darnos el crédito”. Sé muy bien a lo que se refiere. Muchos periodistas y redactores de los programas noticiosos en los medios electrónicos están recurriendo al copy y paste para divulgar información. El presentador de la noticia que lee el escrito para el espectador muchas veces ni se entera que ese contenido es de otro compañero. La inmediatez de la noticia en este tipo de medio de comunicación ha llevado a recurrir a esa ofensa. Eso no debería ser una excusa para fomentar esa práctica de reproducción de contenidos. Todavía es más preocupante cuando se reflexiona sobre por qué sucede.
En un país donde desde pequeños no se les enseña a promover el análisis crítico y la reflexión sobre los asuntos trascendentales de nuestra vida, es improbable que las personas puedan producir pensamientos sabios. Los padres deberían tener por costumbre inculcar la reflexión en sus hijos desde los asuntos más nimios hasta los más relevantes. Pero peor aún cuando ni siquiera se promueve la lectura. Está probado que cuando lees aprendes a escribir y no a plagiar.
Estaba leyendo hace unos días en el periódico El País de España el escándalo contemporáneo más grave de plagio conocido en ese país. Los directivos de la Fundación Alternativas revelaron que un informe suyo había sido plagiado por la empresa UGT Masercisa, que vergonzosamente pagó 50,000 euros por el escrito. Los implicados han tenido que dimitir. Así hemos visto otros casos que, salpicados por el plagio, han quedado al descubierto. Ejemplos de ello han sido el político Alejandro Blanco, en España, que copió una tesis doctoral, y la destacada profesora María Isabel Grimaldos, de la Universidad de Sevilla, que denunció que su propio director de tesis, Francisco Alonso, le había plagiado el contenido de su tesis. ¡Qué bárbaro!
Afortunadamente, ahora los profesores universitarios podemos recurrir a un programa en línea para detectar plagios. El programa te permite la comparación de textos y detecta a quién el estudiante plagió. Qué tal si hacemos ese ejercicio con los proyectos de ley que radican los legisladores. Seguramente quedarán retratados y veremos que la falta de profundidad, como dije, viene desde la cuna.
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