Opinión: Auxilio en Sabana Hoyos
Entre la conmoción del caso Casellas y las insaciables evaluaciones sobre la organización de las Fiestas de la Calle San Sebastián, surge una nota periodística que me preocupó. Se trata de la situación de una escuela en el barrio Sabana Hoyos de Arecibo. Parecería que yo jorobo demasiado con el tema de nuestro sistema educativo, pero insisto en que ahí se nos va la vida como país. Claro, si es que aspiramos a no tener más casos como el que se deliberaba ayer en el Tribunal de Bayamón o comportamientos erráticos de jóvenes abandonados, quizás por sus padres, en las calles adoquinadas de la capital.
Resulta que en esta escuela tienen servicios de electricidad de manera interrumpida desde octubre pasado. La escuela es una elemental e intermedia, nueva, sin nombre y que parece ser muy apreciada por la comunidad. Pero los delincuentes, muy organizados al parecer, la tienen de punto con el robo de cobre y desmantelan continuamente su sistema eléctrico.
Los padres y estudiantes se hartaron. Realizaron un paro esta semana. En el reportaje que sobre la protesta hizo el amigo Efrén Arroyo, Michael, un estudiante de noveno grado, narraba cómo se esforzaba para estudiar durante los días nublados, pues dependen de la entrada de la luz solar a los salones para llevar a cabo sus trabajos. Contaron, además, que las sabandijas andan por doquier y que la escuela aún no contaba con servicio de fumigación.
Es un bochorno que esto sea así. Peores aún resultaron ser las respuestas de nuestros burócratas de la Administración de Sevicios Generales, Autoridad de Energía Eléctrica y el Departamento de Educación. Se pasaron la papa caliente hasta que al final dijeron que “para esta semana” se emitiría la orden de compra que viabilizaría la solución al problema. Estamos hablando de tres dependencias con presupuestos multimillonarios que deberían tener la capacidad para prevenir escenas como esta. “Esta semana” no es la respuesta que debe dar un empleado de gobierno con la capacidad de ayudar a una comunidad. La reacción debe provocar un resultado inmediato.
Estas situaciones deben atenderse con la emergencia que requieren los estudiantes. Como país no nos podemos dar el lujo de desaprovechar el interés de unos jóvenes que quieren estudiar y dejarlos a la merced de que el burócrata de turno pase ocho horas dilucidando cómo le devuelven la luz a una escuela.
Si nos damos ese lujo, seguiremos pasando horas luz esperando veredictos de presuntos criminales, como ayer.
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