Opinión: La Vie En Rose: ¿público o privado?

Por Mariliana Torres @MarilianaTorres

21 ene 2014, 11:00 pm 3 min de lectura

Dicen que en Francia existe un escandalito, pero no un alboroto, por el supuesto romance que tiene su presidente Francois Hollande y la actriz Julie Gayet. Parece como si se tratara de un asunto de tradición. Incluso muchos medios de comunicación, que no se dedican a la prensa rosa de ese país, han decidido ya cambiar el temita del affair y no darle tanto color como lo han hecho medios anglosajones y latinos. Sin embargo, sigue siendo comidilla para las revistas del corazón, pues cada día hay más pruebas del idilio.

Me llamó la atención este caso desde el punto de vista periodístico debido al fascinante despliegue de recursos investigativos de la revista Closer para seguirle los pasos al presidente Hollande y lograr la exclusiva. En estos momentos de crisis fiscal en el mundo, son pocos los medios de comunicación que pueden dedicar parte de su presupuesto a investigaciones por meses ya sea por falta de presupuesto, personal y la inmediatez que los presiona. En el caso de la revista Closer, ha dedicado 24 horas al día desde marzo de 2013 ha seguirle sigilosamente los pasos al presidente luego de que uno de sus periodistas recibiera el detalle de que él se escapaba por la puerta de atrás del palacio del Elíseo. Quizá valía poco que se escapara, pero lo que ocasionó la malicia periodística fue cuando el periodista comenzó a notar que en la agenda del presidente había ausencias y excusas inexplicables a sus compromisos y responsabilidades. ¿Qué hace el presidente a estas horas y con el dinero del pueblo? Sí, con el dinero del pueblo, porque resulta que utilizaba la escolta para infiltrarse al edificio de su supuesta amante. El presidente no ha podido negar la información. Aunque su rostro nunca aparece en las fotografías, los zapatos que siempre usa lo han delatado. Además, la cara del hombre que traía el desayuno a la pareja corresponde a la de uno de los agentes de seguridad.

La actriz demandó a la revista Closer, y el presidente dice que es una invasión a su vida privada. Mientras tanto, la primera dama Valérie Trierweiler está hospitalizada por el ataque de nervios que le dio al enterarse de la vida secreta de su marido. La presión del Gobierno es alarmante, y la revista ha sido amonestada por el jefe de Estado. Resulta altamente preocupante que ninguna organización de prensa de ese país se haya expresado. No se debe restar valor a la serie de incidentes contra ese medio de prensa y mucho menos a la noticia porque, independientemente de si se cataloga como chisme, el asunto tiene pertinencia periodística. Con el solo hecho de que se esté utilizando el dinero del pueblo indebidamente vale la pena investigar.

Esta semana la revista ha vuelto a la carga. Sostiene que sus reportajes sobre la vida amorosa del presidente Hollande tienen mérito porque los ciudadanos tienen derecho a saber. Ese es otro argumento válido sobre el derecho que tiene el pueblo de conocer la verdad y en qué el Gobierno gasta su dinero. La revista hace esfuerzos para que los ciudadanos entiendan que no es una tormenta mediática, sino cuestión de una noticia que hay que prestarle atención y dejar a un lado la mala costumbre de aceptación de la tradición del affair desde los tiempos de Nicolás Sarkozy cuando decidió dejar a su esposa Cecilia para unirse a la modelo Carla Bruni. Como líder de la quinta potencia del mundo y hombre poderoso de Francia, es meritorio que se comporte como ello. Valen poco los detalles de cama, pero sí el pueblo debe escuchar sus respuestas de qué hace con el dinero público. En una conferencia del presidente Hollande ha sido genial escuchar la pregunta de un periodista del diario Le Figaro, uno de los periódicos más conservadores y serios del país: “¿Valérie Trierweiler es todavía la primera dama de Francia?”. Como era de esperarse Hollande recurrió a la insolencia: “Los asuntos privados se tratan en privado”. Este caso demuestra que en Francia, así como en muchos otros países, existe una fisura comunicacional que vale la pena su atención: ¿qué es lo que se considera público y qué es lo privado?