Crónica: Show de dragas en Piñones
Los rumores de que los últimos domingos de cada mes se hace un show de “travestis” en un kiosco de Piñones y que ese espectáculo atrae a decenas de familias hace tres años te llevaron, junto con el fotógrafo, al negocio El Tequilazo.
El nombre mexicano te pareció inusual para un sitio en la entrada de la ruta del colesterol loiceña, pero jamás se te ocurrió que la estructura, con techo de madera, fuese abierta, excepto el almacén y la cocina, y que estuviese decorada con murales de charros con sombreros y pistolas a la usanza de un rancho, con todo y cactus, de las afueras de Tijuana.
Mientras tratabas de entregarte, como la multitud de niños, viejos y jóvenes, a la mescolanza borimex avivada con el karaoke de Audio Visual Concept y ubicarte entre vitrinas con frituras y meseras que volaban con platos de mofongos rellenos de jueyes, el fotógrafo te hacía señas de que, a pesar de que eran las seis y media de la tarde, había que entrar al “camerino” de inmediato.
A los artistas del travestismo hay que captarlos transformándose y, en seguida, “definitivamente” transformados, porque este arte consiste precisamente en la manipulación de los rastros de la masculinidad y la femineidad en los cuerpos, atravesando los patrones de los géneros y provocando que tanto los intérpretes como los espectadores se dejen llevar por las ilusiones de los supuestos cambios con plena conciencia de lo falso.
Por eso Víctor Rivera, organizador de los eventos —y el anfitrión—, que “hacía” un regio Juan Gabriel, con capas y escarchas, mientras animaba al público entre cada numerito de las dragas, los dejó pasar al almacén. Allí la cámara registró a los muchachos poniéndose maquillajes, pelucas, medias pantyhose y trajes rellenos con foam o “fones” antes de que salieran a ser juzgados.
Pero el calor infernal que sentiste dentro de aquel camerino improvisado entre estanterías con cajas de Sunkist y cervezas fue lo que te hizo entender que los artistas hacían el esfuerzo “de vestirse de mujer” tratando de evitar a toda costa que “el sudor de hombre” lo arruinase todo.
Estabas seguro de que no habría ruina más fuerte para transformistas tan imponentes como Michelle Shantell, Jossie Le Blanc, Eva Flor y Shila Andrews que defraudar a un público tan exigente mientras se remeneaban frente a la playa, trepadas en tacas sobre el cemento pulido, al son de Melina León, Tina Turner y Ednita Nazario, al tiempo que sus toscas siluetas se difuminaban entre el humo seco.
Esa maravillosa sambumbia fue lo que provocó aquella noche tropical borimex el triunfo de la alegría de las familias, que se desbordaron ofreciéndoles un montón de pesos como propina y los aplausos más largos.
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