Opinión: Devuelve lo que no es tuyo
Hace unos días, mientras hacía mis compras navideñas, me topé con una discusión entre dos empleados de una tienda por departamentos. La chica que me atendía en la caja, aprovechando que tenía una coach de vida de frente, me involucró en la situación con la esperanza de que yo resolviera el conflicto.
“Oye Lily , este compañero mío es bien maceta”, me dijo señalando a un jovencito que estaba organizando los ganchos de ropa en la otra esquina. “Le pedí un dulce y no me lo quiso dar”. De primera intención yo pensé que era una broma entre ellos, pero el muchacho la escuchó contándome lo que había ocurrido y rápido vino a defenderse. “Yo le dije a ella que es que yo soy así, medio antisocial”.
“¿Y ser antisocial te funciona?”, le pregunté. “Es que yo soy así”, me respondió. “Mis papás me dijeron que era antisocial desde chiquito”.
En ese momento recordé una enseñanza que había escuchado de uno de mis maestros budistas y la compartí con él. “Si te hace feliz ser ‘antisocial’, como tú dices, no hay problema, pero si es algo que te molesta, lo puedes cambiar. Un día escuché a un monje budista decir que ‘lo que nos hace sufrir no es parte de nuestra verdadera naturaleza, y por lo tanto, siempre podemos cambiarlo’”.
Él se quedó como pensativo y me contestó, “pues mis papás me habrán mentido entonces”, y siguió caminando como si nada. La cajera y yo nos miramos, y ella me dijo, “que cosa, verdad, cómo los padres a veces le ponen etiquetas a los hijos y después es difícil arrancarlas”.
Ustedes pensarán que es cosa de locos el que me encuentre teniendo conversaciones sobre temas tan profundos con personas que ni siquiera conozco, pero quiero que sepan que es más común de lo que piensan. Y ese día espero, de alguna forma, haya provocado la reflexión en los dos: a él en la posibilidad de soltar aquellas actitudes que lo hacen difícil para otros, y a ella en la compasión que ahora puede desarrollar hacia él, entendiendo un poco mejor las etiquetas que lleva pegaditas.
“Si no te gusta o no te sirve, no te preocupes, devuélvelo o cámbialo”, es una frase que escuchamos siempre en Navidad cuando se intercambian regalos. Ahora, ante la llegada del nuevo año, sería interesante analizar esas actitudes nuestras que ya no nos gustan o nos sirven. ¿Para qué seguir arrastrando lo que no funciona? ¿No creen que es hora de devolverlo? Si te hace sufrir, es que no es parte de tu verdadera naturaleza. Identifícalo, transfórmalo y déjalo ir.