Opinión: A mis maestros
He pensado mucho en mis maestros durante esta pasada semana. Sí, a los que, junto con mi familia, ayudaron en mi formación. Y es que en todo este debate a veces hablamos de los maestros como este abstracto sin rostro. Quiero ponerle rostro al maestro y, al mismo tiempo, después del Día de la Navidad, darles las gracias por todo lo que hicieron.
Estudié siempre en colegios privados, porque mi familia entendió que era lo correcto. Hicieron todo el esfuerzo para que así ocurriera. Mi contacto con un sistema público educativo fue por primera vez en la Universidad de Puerto Rico, educación que me pagué con el trabajo y de donde me gradué, siendo una de las experiencias más maravillosas. De hecho, ya cabildeo intensamente para que mi hijo sea un “gallito” y hasta su camisa que lee “Yo amo la UPR” se la pongo con frecuencia.
Quiero darle las gracias a ese maestro anglosajón que en quinto grado me enseñó por primera vez lo que es la sensibilidad hacia las artes, en Caribbean School en Ponce. Recuerdo con mucha nostalgia mi primera conversación con Mrs. Torres, maestra de Inglés, del Colegio Inmaculada Concepción de Guayanilla, a donde llegaba para comenzar mi sexto grado. Me ayudó aquel día a lograr una cómoda transición que la vida le obligó a dar a mi familia. A Virgen Sierra, por ponerme en contacto con la historia. A Franceschini, por sus duelos de matemáticas, y a Raúl Hernández, por tratar de hacerme deportista. A Iris Delia Lugo, por organizar tan perfectamente las ferias científicas en el centro cultural del pueblo. Sí, allí en los altos de la biblioteca donde trabajaba mi vecino Harry. A Arlequín, por tratar de hacerme músico y llevarme a pertenecer a una de las más prestigiosas bandas escolares.
Ya en la high, recuerdo a Mr. Echevarría, fogoso maestro de Matemáticas, y a Marrero, extraordinario maestro de Historia. A Marrero lo vi la semana pasada protestando frente al Capitolio. Fue un placer verlo y desde ya acepto su invitación para la próxima graduación de la Academia Santa María de Ponce. Gracias también a los del viejo CUTPO (hoy UPR de Ponce) y a los de Río Piedras por terminar ese largo proceso.
A todos ellos, los mencionados y los que no, gracias. Pero quiero mencionar a tres, que además de ser maestros, me formaron en mi hogar: a mi bisabuela, a quien tuve la dicha de conocer, Eloina Trujillo, a mi abuela, Selenia (Mrs. Merlo) y a mi abuelo Lenín, los tres fallecidos. Doy gracias por haberlos conocido. De los tres disfruté mucho sus historias de pasión por la profesión con la que vivieron y nos levantaron. De mi bisabuela recuerdo aún sus cuentos de cómo caminaban montes y ríos en Guayanilla para llegar a la escuela. Esos eran sus escollos de entonces. Esa era su lucha diaria.
Cuando hablo de maestros, les pongo el rostro, además, de los maestros de mi hijo, Rafael Antonio, a quienes les he encomendado su educación formal. Pienso en Ramos (quien les asegura a los niños que sus exámenes son “bizcochitos de tití”), Susie, Adriana y en todos ellos. Pienso en Víctor, su maestro de Música, a quien postularé en algún momento para dirigir el Instituto de Cultura o a algún puesto en el Departamento de Educación por su gran compromiso.
De hecho, a Rafael no le gustaron las imágenes del fin de semana. Y, aclaro, mi hijo protestó también. ¿Saben por qué? Recientemente, en una visita al Capitolio, vio que los árboles de Navidad que adornan el edificio, fueron adornados por estudiantes de un grupo y se sentía excluido. Pidió igualdad. Esa es su pequeña lucha. A él le enseño que no se puede ser indiferente a la injusticia y a la desigualdad.
No tenemos opción. Hay que estar del lado de los maestros. Siempre hay que darles las gracias y también exigirles que mantengan su compromiso con el país, no importa las coincidencias o diferencias.
Mi abuela Selenia, quien además de haber sido maestra de cientos de niños fue también la de sus hijos, fue una exitosa luchadora. Así es que tienen que ser todos. Ella es la maestra por excelencia para mí. Cuando hablo de un maestro, pienso en todos los que he mencionado, pero en especial en ella.