Opinión: Perdón estilo hawaiano

Por Lily García

9 dic 2013, 11:00 pm 2 min de lectura

Recientemente participé de una hermosa actividad en el Jardín Botánico de Caguas con motivo de la visita de un grupo de monjes budistas a Puerto Rico.  Una colega, coach de vida, me invitó a que escuchara la charla que ofrecería antes de la mía.

Generalmente, cuando voy a este tipo de actividades, tiendo a quedarme en la mesa donde vendo mis libros hasta el momento en que me toque hablar a mí,  y muy pocas veces saco el tiempo para escuchar a otros deponentes.  En esta ocasión, Dianiluz, al pedirme que fuera, me puso hasta cierto punto en el compromiso.  Y me puso también en el lugar donde tenía que estar en ese momento.  Gracias, amiga.

Aquel día, en esa charla que movió muchos corazones, el mío incluido, escuché por primera vez la palabra “ho’oponopono”.  Y lo que de primera intención pudo sonarme como jerigonza, resultó una de las prácticas de perdón más poderosas que he encontrado.  En un momento dado, coach Dianiluz nos pidió que levantáramos la mano si todavía teníamos algo que perdonar.  Yo, por supuesto, no levanté la mía, porque de primera intención parecía estar clara que todos mis perdones ya estaban dados y pedidos. Pero en el mundo de las emociones, las líneas no siempre están tan demarcadas como parecen.

Y a medida de que la coach hablaba, yo sentía mi plexo solar contraerse con sensaciones sutiles, pero sensaciones al fin, que me decían que aquí todavía habían cositas no resueltas.

Ese día aprendí que “ho’oponopono” es el nombre de una milenaria técnica de perdón y reconciliación de la tradición espiritual hawaiana.  Posteriormente, busqué la definición de la palabra y encontré que quiere decir “limpieza mental: conferencias familiares en las cuales las relaciones se sanan a través de la oración, discusión, confesión, arrepentimiento, restitución y perdón”.

Pero lo que suena como una operación sumamente complicada, termina siendo una práctica tan sencilla como poderosa.  Son cinco frases que se repiten pensando en alguien con quien quisieras sanar una relación. Lo puedes hacer contigo mismo y hasta con el planeta entero si deseas.  La práctica parte de la premisa que si hay resentimiento hacia alguien, por la razón que sea, ambas partes, aun la aparentemente inocente, tienen responsabilidad kármica por lo que está ocurriendo.  Por lo tanto, ambas partes requieren perdón.  La oración dice así:

“Te perdono… Me perdono… Lo siento… Te amo… Gracias.
Te perdono… Me perdono… Lo siento… Te amo… Gracias.
Te perdono… Me perdono… Lo siento… Te amo… Gracias”.

Si quieres soltar en este año algunas de las cargas que te pesan, te invito a que tomes responsabilidad por tus rencores y te unas a esta danza de amor hawaiana.  Te prometo que verás resultados en poco tiempo.