Opinión: Los últimos cien metros…

Por Natasha Sagardía @NatashaSagardia

28 nov 2013, 11:00 pm 2 min de lectura

En una carrera sentir que queda poco para descansar, puede ser todo menos una motivación. En muchas ocasiones escuchamos: “Tanto nadar para ahogarse en la orilla”. Y muchos pensamos que es una decisión inaceptable, especialmente cuando el camino ha sido una real odisea previa. No lo digo por nada en concreto, pero sI por esa sensación que traen normalmente, los fines de año, los finales del semestre, los últimos plazos para entregar trabajos, los treinta de cada mes, los embarazos; en concreto, los fines y los comienzos.

En ese espacio donde solo falta poco, normalmente falta todo. Todo, porque ese último empujón, esa última remada, esa última esperanza, ese último “Yo puedo”, es el que marca la diferencia entre hacerlo o no. ¡Ojo!, no soy de las que cree en que el intento no cuenta; para mi el intento es   evidencia del potencial del deseo.   El deseo como el móvil a obtener, llegar, terminar, lograr o también en algunas ocasiones, fracasar.

El deseo está estrictamente relacionado con lo que queremos como seres humanos y que imaginamos como propio. Es importante mirar los espacios que construimos en nuestra cabeza para conquistar, para lograr. Hacernos cargo de esas imágenes, nos hace cargo del empujón que damos para lograrlas. Para algunos terminar puede ser ir en contra de la corriente; especialmente ,cuando todo alrededor parecería decir que es imposible. Es esencial sacar aire, poner pulmones y llegar hasta la orilla; no solo por probar al resto que se logro, sino para concretar la odisea personal.  

Todo el tiempo emprendo odiseas. Siempre me sumo a alguna nueva que me llene de deseos. En la recta final, en esos últimos cien metros, en vez de pensar en el descanso previo; pienso en el próximo paso. Para algunos eso es ser masoquista, para otros, enseña mi imposibilidad de vivir el presente. Para mí, los últimos cien metros, siempre están ahí, listos para ser imaginados. Creo que un cierre está tan ligado a un comienzo, que sentarse a celebrarlo o a descansar sobre él, es una invitación a limitar el deseo. Por eso, sigo nadando, corriendo, terminando y empezando todo el tiempo.

Ahora, releo lo que escribo y pienso; ¿Es que no hay descanso?, y escucho de lejos a un buen amigo que siempre dice: “Pa’ descansar está el resto de la vida” …