Opinión: Lo que me hubiese dicho
Hace poco me topé en línea con la columna de una psicóloga que enumeraba cosas que la vida le ha enseñado y que hubiese querido saber cuando era más joven. Su escrito me llevó a reflexionar sobre algunas de las cosas que he aprendido con los años y que hubiese querido compartir con Lily cuando era más joven para evitarle dos o tres traspiés y unos cuantos momentos de sufrimiento.
Lo más importante en la vida es lo que tienes de frente hoy (suelta la prisa)
Cuanta más prisa por vivir, mayores las probabilidades de boicotear nuestra felicidad. Si algo maravilloso viene con los años es el reconocimiento de que al respirar, al tomarnos el tiempo para disfrutar esto que estamos viviendo, no importa lo que sea, sembramos la semilla para lo que vendrá. Me hubiese gustado decirle a aquella Lily que no importa lo que parezca ser, a la larga, el orden divino siempre se manifiesta.
Nadie te puede dar la felicidad
Luego de tres matrimonios y un par de misas sueltas, tengo que admitir que mis grandes lecciones de vida han llegado a través de mis relaciones de pareja. Ahora que he trabajado durante años con mi proceso de codependencia reconozco que durante mucho tiempo confundí el ser necesitada con el ser amada. Me hubiese gustado decirle a aquella Lily que la razón de ser de las relaciones no debe ser “llenar” tu vida, sino complementarla, que no es lo mismo.
Sufrimos más huyéndole al sufrimiento
Le robo estás palabras a una de mis maestras, Pema Chodron. ¿Cuántas veces por miedo a enfrentar el sufrimiento hemos permitido lo que no debimos, aceptamos menos de lo que nos merecíamos o pospusimos decisiones obvias? A la larga siempre terminamos sufriendo más por temor a sufrir. Me hubiese gustado decirle a aquella Lily que los tragos amargos sí deben pasarse rápido si no queremos convertirlos en tortura china. Las crisis a veces son necesarias.
Durante mucho tiempo en mi vida les huí a los confrontamientos de todo tipo justificándolos bajo la premisa que soy una persona de “paz” que siempre escoge la “armonía.” Aunque es algo con lo que todavía estoy trabajando, he aprendido que hay crisis que son necesarias. Hay ocasiones en que una confrontación saludable es lo único que va a promover un cambio o transformación. Me hubiese gustado poderle decir a aquella Lily que no tuviese miedo a confrontaciones necesarias. Lo que no se habla no se sana. El evitar que salgan cosas que tienen que salir nos puede llevar a estallar por dentro.