Opinión: Los amigos marihuaneros de Rubén

Por Dennise Y. Pérez @denniseypr

19 nov 2013, 11:00 pm 4 min de lectura

Tengo la certeza de que me van a caer chinches desde algunas partes del intolerante pero interesante archipiélago en el que vivimos. No tiene usted que estar de acuerdo conmigo, porque, si fuera tan fácil convencer a mi gente, hace tiempo habríamos dejado de ser colonia y no viviríamos tan en disputa.

Pero estas semanas en que la discusión de los temas importantes que afectan de inmediato a Puerto Rico se han trastocado de manera extraña, discutíamos en el programa de televisión de mi amigo Rubén el tema de la marihuana, el de un incidente policiaco con alegados visos de xenofobia y hasta de la pornografía. Era uno de esos programas de Rubén en que se habla como si uno estuviera en la sala de su casa, tipo lounge,  y en total confianza. En este caso, sin beer en mano y sin los pies trepados en la mesa.

Cuando la productora me envió los temas de discusión, hice una pausa, fui a la nevera, me serví una copa de vino, me miré al espejo, me di cuenta de que sudaba, me lavé la cara y me senté a leerlo nuevamente.

Aunque delicado, el único tema relativamente manejable era el alegado incidente de discrimen contra un hombre dominicano. Reconociendo que había versiones contradictorias sobre el incidente, pedí un poco de mesura, porque las minorías tienen grandes y valiosas batallas que dar, pero deben ser cuidadosas al seleccionar cuándo levantan banderas de causas, no sea que pierdan credibilidad en el camino. La conducta que se le atribuía a la víctima era cuestionable viniendo de un dominicano, de un boricua o de un anglosajón, de un gay o de un heterosexual, de un blanco o de un negro.

Llegó el tema de la marihuana y no me sentí tan comprometida con la “corrección” de mi opinión porque creo en la flexibilización de las penas en delitos relacionados con la marihuana. Estoy convencida de que meterte preso por tener un moto es una cosa ridícula, aunque mis detractores piensen que mi opinión promueve su uso. Es el típico caso en que se entra siendo bueno y se arriesga a convertirse en verdadero delincuente, porque la cárcel es la universidad del crimen. No se hagan los que no lo saben.

Entonces mi amigo Rubén hizo un comentario que me hizo explotar de la risa en medio de la grabación.

“Mis amigos marihuaneros dicen”… y ya no recuerdo qué más dijo. Lo perdí. Me recordó varias instancias en que uno no se atreve a decir que habla de sí mismo y le achaca el pecado al “amigo”. Pero con tantos detalles que la cara dice “culpable” en colores neón, tipo Las Vegas, vistas desde Taiwán.

En el caso de Rubén me consta que se refería a sus amigos, pero luego de pasar la pavera que me dio al aire, llegó el tema de la pornografía y el imprudente por excelencia preguntó: “Levante la mano el que ha visto pornografía”. Y como dicen en el barrio Cañaboncito, ahí entorchó la puerca el rabo. Todos levantaron la mano rápido mientras yo intentaba zafar del tiro de cámara y alzaba mi mano como si tuviera artritis reumatoide. ¿Qué, quééé? ¡La hija del ministro!  Mi esposo veía el programa conmigo y cuando me volteé a ver su reacción tenía la cara como si se hubiera comido un ají habanero.

Entonces una de las panelistas dijo otra cosa que me dio la segunda gran pavera, también al aire. Había visto pornografía “de pasada”. Unjú. Quizás debí callar, pero la cínica en mí se impuso  y me salió un “claro, con los amigos marihuaneros de Rubén”.

Demás está decir que al terminar el programa tenía un reguero en mi cabeza, de esos que te dan de todo menos angustia. Me sentía hasta bien. Pienso que todos individualmente aportamos a que no se desenmascaren los tabús. De la boca pa fuera todo está mal y es un pecado, aunque te hayas dado el pitillo o ya el tipo de la porno se te empiece a parecer a un primo de tanto verlo.

¿Por qué mentir? Cada cual lo sabe y no soy quién para juzgar, aunque acepto si alguien quiere juzgarme por cosas con las que no tengo problemas. Tengo muchos, pero ninguno es de drogas ni de sexo. Tampoco promuevo la locura marihuanera, ni el bacanal. “Todo en exceso es malo”, decía mi abuela Geña.

No conozco los amigos marihuaneros de Rubén ni sé si ven pornografía “de pasada”, pero pienso que una mente abierta siempre es más sana que una mente cerrada.

Y lo admito, muero por conocer a esos amigos de Rubén, pero con beers en mano y con los pies trepados en la mesa. ¿Se apuntan?

La frase “No conozco a los amigos marihuaneros de Rubén ni sé si ven pornografía ‘de pasada’, pero pienso que una mente abierta siempre es más sana que una mente cerrada”.