Opinión: Y bueno…

Por Natasha Sagardía @NatashaSagardia

14 nov 2013, 11:00 pm 2 min de lectura

Entre limpiar y arreglar la casa, cerrar un evento mundial, un semestre de maestría y participar en conferencias de turismo deportivo, no me ha quedado mucho espacio para subir los pies. A los siete meses y medio de embarazo, los pies son un constante marcador de pasos. Cada paso se siente y da testimonio de que mi cuerpo se ha convertido en un parador.

“Mi cuerpo es un parador”. Así comencé mi charla en el Colegio de Mayagüez sobre turismo deportivo. No fue planeado; solo surgió. Creo que lo venía pensando hace mucho y se oralizó en el momento en que tuve que excusarme para detener mi conferencia y tomar una buena bocanada de aire. Se sintió bien el entendimiento general por mi estado. Me pregunto: “¿Cuán divertido podría ser que todos contemos con ese tipo de entendimiento general?”.

Uno de los conferenciantes del congreso repetía un “pero bueno…” cada vez que encontraba uno de esos espacios donde la lógica no va de la mano con la realidad. Hablábamos del potencial que tiene nuestro país para tener un turismo sostenible, ecoamigable y hacedor. Cuando me tocó mi turno, subí las escaleras de esa pequeña plataforma al atril y pensé: “¿Qué es lo que realmente es importante para decir?”.

Así que barajé mis dos opciones, como lo hago siempre en alguna presentación. Por un lado, recurría a la complacencia de contar mi experiencia laboral desde el éxito. Por otro lado, podría capitalizar mi experiencia desde la transparencia de lo que fue realmente importante en mi proceso. Así que conté, como anécdota, la primera vez que fuimos a comer con un cliente. Cada una de nosotras cargaba diez dólares, yo tomé agua; mi socia tomó agua, y le pagamos su almuerzo.

Esa experiencia es el éxito de mi proyecto: haber sentido cada paso a lo largo del camino sin necesariamente obtener el entendimiento general de mi proyecto por más lógico, hacedor, sostenible y exitoso que fuese. El camino hacia lo que uno quiere desarrollar es muchas veces uno sin tiempo para subir los pies. Recordar ahora esos únicos diez pesos en la carretera son capital incalculable. Sentir los pies cansados de haber caminado “con gusto” y no “sin gusto” es lo que para mí es importante. Cuando la lógica no va de la mano de la realidad, viene bien tomar una buena bocanada de aire y decir un esperanzado: “Y bueno”… antes de seguir.