Opinión: La pregunta impertinente

Por Mariliana Torres @MarilianaTorres

12 nov 2013, 11:00 pm 4 min de lectura

Cuando más felices y tranquilos estaban, recibieron una llamada telefónica que, además de inesperada, les cambió su vida para siempre. Como miles de personas en nuestro país se convirtieron en víctimas del crimen.  Son los padres de ese hijo querido que salió a divertirse y jamás regresó. Ese día de la fatal noticia tuvieron que cambiar el trayecto del paseo dominical a la sala de trauma del Centro Médico de Río Piedras. Minutos más tarde,  enfrentaron con aplomo  la desgarradora noticia. El que ha ido a esa institución hospitalaria, donde abundan reputados profesionales de la salud, sabe que cuando se acude allí es por un asunto serio de salud y, en la mayoría de los casos, la afección compromete la vida del paciente. Además, hay que lidiar con dolorosas y dantescas escenas que incluyen heridos de bala, fallecimientos y reclamos de falta de servicios. Y ni hablar de lo que se observa en los pasillos y en el conocido redondel de urgencias. Por lo menos a mí me lastima mucho observar esos acontecimientos, porque desde la primera fila observas el sufrimiento de los demás y no puedes ayudarlos. Precisamente, esos padres que por primera vez visitaron el Centro Médico para atender la emergencia de su hijo vivieron en carne propia lo descrito.

Mientras tanto, en una sala de redacción se discutía cuál sería el enfoque periodístico de la noticia en desarrollo:  una balacera en pleno expreso con un joven de 15 años fallecido. Un equipo de periodistas salió hacia el Centro Médico para cubrir el resultado de esa historia. Descubrir e investigar quiénes son las víctimas no es una tarea placentera y más desgarrador es enfrentarse cara a cara con los familiares de las víctimas, quienes inmersos en el dolor y aturdidos por el impacto del desenlace, miran a la prensa con negación y desprecio. Es arduo el proceso de acercamiento a los familiares de la víctima, pues implica explicarle que ese es nuestro trabajo, que no es fácil y que lo ocurrido se considera pertinente en términos periodísticos. En ocasiones, se prevalece en el intento y en otras es mejor escuchar y ni preguntar. Ese día no hubo tiempo para ese autoprotocolo pues cuando salieron los padres del joven fallecido una ola de periodistas los acorraló.  Entonces, se escucharon solo preguntas sin obtener respuestas. Eso sucede cuando el acercamiento que se pretende hacer con respeto se interrumpe por el fragor que surge por pretender ser siempre el primero en  transmitir sin tomar en cuenta el contenido y la pertinencia del evento.

Entretanto, los padres caminan a toda prisa y no contestan las preguntas. De repente, se escucha una pregunta que no necesariamente es incisiva. Acto seguido hay silencio. Los padres detuvieron su apresurado caminar y miraron fijamente al periodista que hizo la pregunta impertinente. Los rostros de los padres se llenaron de lágrimas y ya no hubo tiempo ni ganas para una próxima pregunta.

En la mayoría de los casos que cubrimos, lo mejor de una entrevista surge cuando el periodista ha hecho una pregunta en el momento oportuno y obtiene respuestas o declaraciones espectaculares y memorables. Cuando se escuchó aquella pregunta, evidentemente, no era el momento justo. La pregunta era de mal gusto. Si bien la mayoría de los periodistas desarrollan ese instinto de tener sentido de la oportunidad y distinguir entre lo que corresponde y lo que no es pertinente hay otros que pecan por tomar rumbos equivocados que promueven la imprudencia. ¿Cómo identificamos ese momento oportuno? La sensatez es la mejor arma para poder encontrar ese equilibrio entre entrevistado y periodista. No es de inteligentes colocar a esos padres que han perdido a un hijo en aprietos.

La víctima era un chico de apenas 15 años que estaba en el lugar menos indicado cuando resulto ser víctima inocente del fuego cruzado de bandos de narcotraficantes. Independientemente de las circunstancias y los fundamentos del fallecimiento, porque al momento del reportaje se desconocía si estaba en malos pasos, era un ser humano asesinado que, lamentablemente, engorda las estadísticas de la Policía y desgarra con su inesperada pérdida el corazón de su familia. Ahora, le pregunto a usted, amigo lector, quién de esa familia está dispuesto a contestar cómo se siente.