Opinión: Ojalá y esos panties te sirvan
Eventos simultáneos: Cambia el Superintendente de la Policía; me abren el carro; y me roban hasta las cajas de cigarrillo (vacías).
No es que el exsuperintendente Héctor Pesquera tenga la culpa, pero creo que él sintió (una evidente) frustración y salió corriendo. Tal vez, la misma frustración cuando llegué a mi carro y vi que todos mis maquillajes de Sephora habían desaparecido (aunque suene banal, toda mujer sabe que comprar en esa tienda es un inversión).
Sin embargo, mi frustración no causó que yo corriera a mi casa y me tirara en el piso a llorar en posición fetal. No tuve tiempo. Como toda persona responsable, tenía que seguir viviendo y cumplir con mis compromisos (y sin corrector para las ojeras puesto).
Luego de cumplir con mis compromisos —y de haber ido al centro comercial a comprar un perfume ya que, al parecer, los pillos que me tocaron quedaron enamorados de la fragancia que uso— tuve tiempo de analizar lo que me había pasado: fui víctima de la criminalidad del país.
Me di cuenta de que, oficialmente, no podía hacer nada. Mi plancha de pelo, de salón, se había perdido para siempre. Mucha gente va a saber que tengo el cabello riso. Me tomé tres (o seis) birras.
Con el pasar del día, seguía haciendo memoria. Pensando si esos seres se habían llevado algo más. Culpándome por haber dejado el carro cuatro estacionamientos más arriba de la caseta del guardia, cuando había uno justo al frente, y yo lo ignoré.
Me convencí que fue mi culpa. Nunca he tenido mi carro recogido. Es un reguero (pero es mi reguero y nadie debe tocarlo). Sin embargo, quizás si huera tenido menos cosas, no hubiera llamado la atención de los ladrones. De ahora en adelante mi carro siempre estará recogido. No viviré en el carro.
Pensé “al menos salí ganando” porque había bajado del carro mi laptop, mi dinero y una botella de whisky. Me consolé en lo que me quedó.
Analicé que, quizás, esto era una señal para que yo —como mujer profesional que soy, pero no aparento— empezara a comprar más carteras y menos mochilas. Fue una señal para que empezara a verme como adulta. Me resigné. Fue mi culpa.
De pronto, entró el odio. Me di cuenta que se llevaron algo que me esforcé para poder comprar: mis panties de Victoria Secret.
Yo nunca compro en esa tienda. Ahora mismo, no tengo a quien impresionar. Pero, hace unos días, decidí que era momento de tener esos panties de encaje que las mujeres con cuerpos perfectos usan en las películas (ya sean porno o no). Llegué a pensar que cuando me los pusiera mi cuerpo se iba a ver como el de esas actrices. El pillo me quitó esa oportunidad.
Si el pillo tiene pareja lo único que tiene que hacer es sacar el recibo de compra de la bolsa rosita, con papel maché rosita y, listo, va a ser el dios para su mujer. Ella va a tener un regalo que a mí nunca me han hecho, pero yo me hice el mismo día que cobré. Al pillo le van a hacer un sexy dance con mis panties… Querida esposa del pillo, ojalá y esos panties te sirvan.
La criminalidad del país da miedo. Pero no solo da miedo que nos roben algo, da miedo el hecho de que en un punto yo me eché la culpa de todo. Estamos tan acostumbrados a que nos roben, que pensamos que somos nosotros quienes estamos mal y no los pillos.
Pensamos que, si por despiste, dejamos el carro abierto fue nuestra culpa que nos robaran. Cuando la verdad es que, se supone, que aunque tu carro esté abierto nadie toque tus regueros o tus panties.
Así que, un saludito a los pillos, especialmente a los de Trujillo Alto. Había muchas cosas en mi carro mejores que las que se llevaron. Ni siquiera fueron buenos ladrones.
Espero que esos maquillajes le sean de provecho a quien los tenga (hay un lipstick color ladrillo que es un éxito, dura toda la noche aunque des besitos). Esa plancha de pelo es carísima, espero que a la chica que la tenga le deje el cabello de show y si es un hombre, que se pueda peinar como los participantes de Idol (aunque se está rompiendo porque el perro que tenía mordió el cable). Finalmente, cuando usen los panties, recuerden quitarle ticket para que no sientan molestia y cuando los laven no echarlos en la secadora porque se dañan.
Por mi parte, yo voy a ir a comprarme todo nuevo mientras espero que al pillo le pase algo malo… no súper malo, pero algo que le moleste tanto como me molestó a mí que alguien sintiera la libertad de abrir mi carro y atacar mi reguero.