Opinión: Mujer no es igual a peligro al volante

Por Dennise Y. Pérez @denniseypr

5 nov 2013, 11:00 pm 4 min de lectura

Dicen que las mujeres al volante somos las peores. Y por años hemos vivido con el chistecito de que cada vez que alguien está haciendo una estupidez en la carretera: “esa tiene que ser una mujer”.

Es un chistecito bastante viejo, al que nos acostumbraron nuestros abuelos, tíos y padres, como una cosa bien normal. Eran tiempos en los que no había mucha presión feminista y crecimos dando eso por bueno. Aclaro que mi padre, que es un santo, jamás hizo ese comentario. No sé si no lo hacía por santo o por evitar que yo le diera mi diatriba de cuán injusto era ese comentario. No sabía hablar de machismo o feminismo siendo tan chiquita, pero sí de cuán injustas me parecían las cosas. Y podía cansar a cualquiera.

A veces pienso que papi se callaba todo, porque en casa éramos cuatro mujeres, tres que hizo parir y una que las parió. Me inclino a pensar que su instinto de autopreservación prevaleció en su convivencia con cuatro chancletas.

Pero volviendo a las mujeres y al volante, piense en lo estúpido de ese comentario. Todos —hombres y mujeres— hacemos tonterías al volante. Yo confieso que tengo un arte estupendo para  maquillarme mientras guío. Y es un grave error. Y no estoy segura, pero debe ser delito. Y texteo, sí, que también está mal, pero lo hago forzada por el alto número de necesitados, desesperados y urgentes que no pueden esperar, y cuando le dices que perdone, pero que estabas guiando, te dicen: “No te preocupes”, pero con un desdén con el que verdaderamente prefiero no tener que lidiar. Le sientes el odio en el comentario. Sabes que se han acordado hasta de tu madre, que no tiene culpa y que no está guiando.

Así que ese es mi pecado y estoy tratando de redimirme cada vez más. Pero, aun a pesar de eso, de los cuatro accidentes que he tenido en mi vida, tres han sido provocados directamente por un hombre. ¿La mayoría de las veces que uno ve un accidente en la carretera quién es el protagonista? Un hombre. ¿La mayoría de los que mueren en accidentes automovilísticos quiénes son? Hombres. ¿Los considerados mayor riesgo en las casas aseguradoras quiénes son? Jóvenes varones.

Las mujeres no predominamos en esas estadísticas ni aun cuando en Puerto Rico somos más que los hombres, pero de algún modo todavía aceptamos el chistecito de que si alguien está virando huevos en la carretera, “tiene que ser una mujer”.

El otro día llegué a un lugar  a comer y me estacioné como de costumbre. Y yo veía que el hombre del valet parking miraba aquella operación fijamente, pero no le di mayor importancia. Terminé la conversación que llevaba por teléfono y me bajé del auto. Y me asusté un poco porque el hombre seguía mirándome sin pestañar. Pensé que me iba a recriminar por no haber utilizado su servicio de valet por tacaña, lo que le impediría ganarse unos pesitos y, de inmediato, saqué las llaves de mi cartera para dárselas y que no se sintiera subutilizado. Para mi sorpresa, el hombre sonreía mientras yo me aproximaba a él. Y él leyó mi rostro de confusión y me dijo: “Miss, la felicito. Nunca se había estacionado alguien ahí. Nunca. Ni hombre ni mujer. Y en el primer intento; increíble”. Y yo medio pasmada respondí: “Bueno, y estaba hablando hasta por teléfono”. Y me volvió a sonreír y me extendió la mano como felicitación y me ofreció trabajo.

Cuando salí del restaurante, el hombre volvió a sonreírme y le dijo a su compañero de valet: “Esta es la señora que se estacionó”. Y el compañero también me dio la mano. Yo todavía no puedo ni entender cuál era la dificultad de ese parking. No la vi. Me estacioné casi tan fácil como me maquillo al volante.
El estigma ese de “mujer es igual a peligro al volante” ni es justo ni es cierto. Si fuera por muchos hombres, en la licencia de conducir pondrían “mujer” como restricción, casi a nivel de “necesita espejuelos”.

Yo, por mi parte, no me molesto en resentirlo. Eso sí. Cuando paso por el lado de un hombre al que la Policía ha parado en la carretera, me río, no de alegría por el pobre varón en aprietos, sino porque NO es una mujer.

Y si el ticket se lo está dando una mujer policía, ay, ay, ay… hasta ahí llegó.

Sigamos destruyendo el mito.