Opinión: ¿Dónde están los empleos?
El 16 de noviembre de 2009, el país fue objeto de una tomadura de pelo. Otra más. De esas a los que nos tienen acostumbrados los políticos y que —bajo el manto de la búsqueda del bienestar de los y las ciudadanas— con el tiempo prueban estar a favor de los intereses que les mantienen en el poder.
Se trata de la aprobación de la Ley 143-2009, que enmedó la Ley de Cierre. Se permitió la apertura de los comercios los domingos después de las cinco de la tarde, la eliminación de la facultad fiscalizadora de la División Antimonopolística del Departamento de Justicia y, más importante aún, eliminó la paga doble para los empleados que trabajan los domingos.
Según los promotores de la medida, las enmiendas serían milagrosas, tanto que traerían una súbita inyección a las finanzas del país con al menos 25 mil nuevos empleos. Su lógica parecía sencilla: si las empresas podían abrir hasta más tarde y no tenían que pagar doble a sus empleados, entonces crearían nuevos empleos. Casualmente, los argumentos utilizados por la Legislatura parecían el libreto de los promotores de la medida. “Es de todos conocido que una enmienda a la Ley de Cierre que permita abrir las puertas de los comercios los domingos redundará en la creación de miles del empleos”, leía el infomre legislativo con la certeza de aquel que sabe que uno más uno es igual a dos. Solo que la ecuación llevaría a un resultado distinto.
Mintieron. O, al menos, se equivocaron. Cuatro años después, ni un solo empleo ha sido creado por los cambios a la Ley de Cierre. Es más, según datos de un estudio del Centro Unido de Detallistas (CUD), el comercio al detal perdió 10,300 empleos hasta el año 2013. De esos, 5,410 se desvanecieron por las enmiendas. Este estudio establece que el estimado de pérdidas de ventas para las pequeñas y medianas empresas —como consecuencia de las enmiendas a la Ley de Cierre— llega a $671 millones entre 2010 y 2012. El panorama empeoró. Unos 12,964 empleos se perdieron como consecuencia de esa legislación.
Entonces, ¿quién ganó? La respuesta es evidente. Las megatiendas. Los cambios a la Ley de Cierre que traerían 25 mil nuevos empleos y la bonanza económica para Puerto Rico solo llevaron nuevos ingresos a los bolsillos de empresas de capital extranjero. La eliminación de la paga doble los domingos y el aumento en los horarios de venta desangró los bolsillos de los empleados y echó a la calle a miles de personas, pero engordó las cuentas de banco de las megatiendas. Según el estudio del economista José Alameda, la medida trajo consigo una expansión de estos establecimientos entre 2008 y el presente, lo que les supuso un aumento de $481 millones en ganancias.
Lo peor es que todo había sido pronosticado. Joaquín Villamil aseguró entonces que “eliminar la Ley de Cierre no traerá más empleos ni un incremento en ventas (…). Puede ser que algún negocio en particular se vea beneficiado, como las grandes cadenas”. Edwin Irizarry Mora destacó que medidas similares habían tenido un “efecto muy adverso en el pequeño comercio”, argumento al que se unió Juan Lara que señaló que “no es correcto pensar que la derogación de la Ley de Cierre va a permitir que se creen miles de empleos”.
Si todos los economistas lo advirtieron, si la experiencia de otras jurisdicciones lo anticipaba y si el CUD lo pronosticó, ¿por qué aprobaron las enmiendas? La lógica no deja otra alternativa que concluir que los únicos beneficiados —los grandes comercios— pagaron el absurdo respaldo a la medida a son de billetes o favores políticos. Nada perdían y sus ganancias serían suficientes para recuperar la inversión. La pregunta es ¿por qué las enmiendas siguen vivas? ¿Es que nadie se atreve a meterles mano? Entre eso y los alcaldes para quienes progreso significa la construcción de un centro comercial, el país vive un constante sabotaje de sus propios intereses. Como diría Calle 13, “esto es una fiesta de locos”.