Opinión: Zuleyka, Viviana y el sabor de su piragua

Por Julio Rivera Saniel @riverasaniel

14 oct 2013, 11:00 pm 4 min de lectura

En tiempo reciente he sido cuestionado de manera constante por el “rumbo que llevan” los medios de comunicación. Unos más preocupados que otros me abordan —como pueden— sobre la “calidad de la información” que se divulga en los medios desde donde muchos, como yo, tenemos el privilegio de hacer eso que llamamos periodismo. Y las preocupaciones son válidas.

Sin embargo, dejo claro que la intención de esta columna no pretende convertirse en una guía de lo que debe o no ser la oferta de los medios. Tampoco dictarle a usted lo que debe o no patrocinar. Lo que sí pretende es conseguir que usted sea consistente en sus reclamos en torno a lo que espera de los medios de comunicación. Que sus acciones respalden lo que suelta con su boca.
Muchos, quizá usted, echan en falta notas que destaquen algo que no sea la muerte del día o el nuevo entuerto de nuestra realidad fiscal. “Hay mucho bueno pasando en la Isla”, reclaman algunos. Y con razón, digo yo.

Otros se quejan de la supuesta falta de contenido que inunda a algunos medios. “No hay notas con profundidad”, me sueltan. “¿Qué pasó con el periodismo serio? ¿Dónde quedaron las buenas entrevistas?”, insisten. Y las quejas continúan. “¿A quién le importa la vida de la modelo del momento? ¿Quién quiere saber cuál es la nueva aventura del deportista de moda o la reina de belleza de turno?”, me preguntan como sorprendidos, como pensando que la publicación de estas notas responde al capricho del editor de turno enajenado —tal vez— de los intereses de su audiencia. “¿Que a quién le importan estos temas?”, pregunta usted. Pues a muchos, señores. A muchos.
Basta con que —al terminar de leer este escrito— se ponga a navegar por la Internet. Hágalo. Visite los principales portales de noticias del país. Aquellos que son patrocinados por la mayor cantidad de público. Vaya a la sección de “Los más vistos” y lea. Yo lo hago con frecuencia.
“De Toa Baja la Miss Universe”, lee la nota más leída de un medio digital. “Michelle Rodríguez admite ser bisexual” es la nota que lidera la lista de otro. “Viviana Ortiz se come una piragua” es el reportaje de la tercera publicación visitada.

Entonces, al final del ejercicio, me cuestiono si nos hemos vuelto locos. ¿No que a nadie le importa la vida de los famosos? ¿No que el país exige notas con profundidad? ¿No que el lector, el televidente y el escucha promedio están hartos de la banalidad? Mienten, señores. Mienten.
Las peripecias de la modelo con su piragua, el corte de pelo de la actriz de moda o la pensión del hijo de Zuleyka y Barea superan por mucho —me guste o no; lo entienda usted o no— la nota sobre los bonos de COFINA, la patente nacional o el premio que los estudiantes de la Escuela Libre de Música Ernesto Ramos Antonini ganaron en una competencia de primer nivel realizada en la prestigiosa Universidad de Berkley. Estas notas y las anteriores estaban servidas en la misma bandeja que se le presentó al público. Las primeras y no las segundas fueron las escogidas.

Y aquí, mi amigo lector, es que llega el papel de nuestra responsabilidad individual. Los medios de comunicación y los periodistas no podemos eludir la necesidad de autoevaluarnos. De identificar, sin temor a la autocrítica, nuestra fallas y analizar constantemente la forma en que presentamos la oferta informativa al país. Pero la responsabilidad de la autocrítica no solo recae sobre los obreros de la información y las empresas que los contratan. Sí. Los medios deben autoevaluarse. Pero usted, mi querido lector, también.

¿Es cierto que quiere contenido “de calidad”? ¿O realmente se zambulle en el mar de noticias irrelevantes que se ofrecen a diario? ¿Es usted de los que exige “contenido de altura”, pero poco después de hacerlo se pregunta de qué sabor era la piragua de Viviana Ortiz?
No se engañe a sí mismo. En el juego de las audiencias, la lectoría y el rating, no se vale predicar con la boca lo que las acciones no sustentan. En el juego de las audiencias, la lectoría y el rating no se vale el autoengaño. Tampoco lanzar discursos inconexos por los dos lados de la boca. Si usted quiere “calidad”, sea lo que sea que eso signifique para usted, debe exigirla con su respaldo. Aquí también, como reza la máxima esbozada por muchos en el mundo político sobre los Gobiernos, el país tiene la información que merece.

En el mundo de la oferta mediática, la paleta de alternativas es variada. Y ante ese universo de opciones, usted es el que escoge el sabor de la piragua.