“Te cuento…Saliendo temprano y llegando tarde...”
Describe la lírica de una canción, al ciudadano que sale todos los días a la calle a progresar, siguiendo el llamado colectivo de que “vaya palante”, pero que nunca lo logra. Y es que es difícil lograrlo cuando del otro lado no hay sentido de urgencia, cuando no hay acción.
Llevamos varias semanas discutiendo, cada vez con más intensidad, la crisis fiscal y cómo las casas acreditadoras mantienen al país con el puñal al cuello. Algunos en el Gobierno -lejos del desafiante “me vale” que les lanzó desde Guánica, Alejandro García Padilla un tiempo atrás- están suplicándole a las agencias crediticias que no cedan a su tentación. Pero otros actúan como si el asunto no fuera con ellos.
Veo a una Asamblea Legislativa en un marasmo. Allí, después de la aprobación del presupuesto el 30 de junio, nada trascendental ha pasado que le dé esperanza al ciudadano de a pie de que va a salir del hoyo. La despenalización de la marihuana, pertinente o no, no puede predominar el debate legislativo. Tampoco dan esperanzas las discusiones que sobre la crisis se llevan a cabo en el Yale Club de Nueva York.
La Legislatura tiene que ponerse las pilas y dar, al menos la sensación, de que allí se generan ideas importantes.
A poca distancia del Capitolio, en el Departamento de Educación nadie está dispuesto a apretar el botón de emergencia y el cinismo parece ser su filosofía administrativa. Con el lío de los “vouchers” para beber ron en medio de unos adiestramientos en el Hotel El Conquistador durante el fin de semana, me pregunto por qué estos eventos tienen que hacerse en el lujo hotelero, mientras muchas escuelas carecen de servicios y se nos caen en pedazos.
En pedazos está quedando todo, tal como ocurrió con el tubo de 48 pulgadas que explotó el martes y que alteró el día de miles de trabajadores. No se pudo ir al baño el martes en las oficinas de Hato Rey, porque no esperábamos que la histórica tubería a la que el Estado no dio mantenimiento, reventara algún día. Alguien en Acueductos sabía que esto iba a pasar y peor aún, que pasará en otros lugares, pero no se actúa. Me decía esta empleada pública, cuan frustrante es madrugar, coger el tapón mañanero, llevar los niños a la escuela, llegar a su trabajo y hacer un esfuerzo monumental por progresar, y escuchar al mismo tiempo que el liderato gubernamental anda en otra galaxia.
El sentido de urgencia y de acción tiene que contagiarnos a todos. Nuestro liderato político no puede pretender hacer la diferencia cuando sus acciones muestran lo contrario. Salir del hoyo, para esta trabajadora, al final del día, no parece ser una opción personal. Y si las actitudes no cambian, lamentablemente se seguirá reduciendo nuestra capacidad de indignación a la renuncia de Yolandita y a la eliminación de los karaokes. De esa forma, el ciudadano de a pie seguirá “saliendo temprano y llegando tarde”…como dice la Orquesta Macabeo.