Opinión: Mi odisea con el dengue
Yo tenía quince años la primera vez que escuché del dengue. Hacía menos de un año que había llegado a Puerto Rico (sí, soy neuyorican) y uno no se enfermaba de eso en Brooklyn. Para ese tiempo, había fallecido un joven a causa del dengue y me dio con preguntarle a una prima (ella llevaba dos años en Puerto Rico así que ella era la experta en todas las cosas boricua). Prácticamente lo que me dijo fue “eso es cuando un mosquito pone huevitos en un vaso con agua y entonces salen unos gusanitos que están infectados con dengue. Ellos se convierten en mosquitos y te pican y pegan el dengue.” Quedé bruta y de una pieza. Oh my God! Pero si este país está repleto de mosquitos por todos lados. Yo, siendo carne fresca recién bajada del avión, me tenían de punto y de forma literal (la evidencia estaba en mis piernas y brazos).
Con la tremenda explicación de mi prima, pensé que el dengue era una enfermedad parecida a la malaria y yo sabía que la malaria era peligrosa y mataba mucha gente. Por un tiempo, seriamente temí por mi vida. Todos los mosquitos se volvieron mis enemigos y estaba paranoica. Sin embargo, pasaron los años y no me había contagiado por más mosquitos que me picaran. El dengue se convirtió en una leyenda urbana así que le resté importancia y seguí con mi vida como si no existiera.
Años más tarde cuando estaba en la universidad, a mi mamá, mi tía, mi hermano y mi prima les dio dengue. Dos de mis familiares terminaron hospitalizadas. Luego, yo también me infecté (mal rayo parta los mosquitos). Nunca había sentido un dolor tan intenso en mi vida. Parecía que me rompían los huesos y que fuerzas invisibles trataban de sacarme los ojos con cucharas (raro, lo sé, pero es la única descripción que tengo para el dolor). Me dio fiebre muy alta y las plaquetas me bajaron a niveles peligros por lo que la tecnóloga me recomendó ir al hospital. La miré y le dije: “Estudio en el Colegio de Mayagüez. No puedo faltar.” Hice caso omiso a las recomendaciones y me fui para la universidad. Mi salud empeoró rápidamente por mi descuido. Me arrepentí de no haberme cuidado como se debía porque al final terminé faltando a mis clases.
Logré recuperarme bajo la observación diaria de mi médico de cabecera; tiempo que también se convirtió en una tortura. La piquiña que me dio era intolerable, como si me picaran miles de hormigas colorás. No había crema rosita o pastillas de alergias que calmaran mi piel. Fue un calvario y no le deseo ni a mi peor enemigo (hipotético porque no tengo ninguno) algo así.
Después de curarme, quería saber si me podía dar otra vez (o varias veces, que horror). Aprendí que el dengue es causado por el virus (que en nada se parece a la malaria) y existen cuatro variedades. Cuando te da una variedad de dengue, no te puede dar esa variedad nuevamente. Por lo tanto, en teoría uno puede infectarse con dengue hasta cuatro veces (aunque eso es raro). Según el Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), si tiene síntomas de dengue (fiebre alta, dolor de cabeza, detrás de los ojos, hueso y/o articulaciones, sangrado de nariz o encías) debe visitar a su médico y evitar analgésicos como ibuprofeno.
Se ha repetido sin cesar a través de los años por los medios de comunicación qué cosas tenemos que hacer para reducir la incidencia de dengue en la Isla. Aquí se las voy a repetir:
- Evitar tener envases o gomas con agua estancada alrededor de la casa
- Colocar puertas y ventanas con tela metálica (los famosos escrines)
- Usar repelente de insectos
El CDC también recomienda tener aire acondicionado y usar pantalones largos y camisas con mangas largas (con estas calores eso puede ser difícil). En artículos anteriores, ante mis sugerencias, me han comentado que “no hay que ser microbiólogo para saber eso” y me imagino gente pensando lo mismo ahora. No obstante, yo les voy a contestar: “si lo saben, ¿Por qué no han bajado los casos de dengue?” El Gobierno puede alertar la ciudadanía sobre el alza en los casos y cómo prevenirlo; pueden enviar a fumigar todos barrios, pero si no ponemos de nuestra parte, no van a disminuir los casos de dengue.