Opinión: Una aventura hormonal
Llevaba algunos días pensando en eso de ser mujer. Ya lo sé. ¿Qué más se puede decir de ello? Bueno, pues ser mujer es uno de esos temas que nunca acaban y yo no puedo evitar traerlo a la columna. Cada hormona que puede existir en el cuerpo de una mujer está siendo estimulada por mi embarazo en este momento. O sea que el inevitable monotema no me abandona.
Desde la mañana en la que se hinchan los pies por el aumento exagerado de flujo sanguíneo hasta cuando la espalda parece demolerse y mi cuerpo ya no es mi cuerpo, sino un hermoso hogar para mi pequeña hija. Aunque enamorada del proceso, las inyecciones de emoción que produce el embarazo son una aventura. Una aventura a seguir conociendo eso de ser mujer y de alguna manera a identificarme más que nunca con mis colegas.
Con mis colegas más íntimas, las mujeres. Me he descubierto mirando a las mujeres con detenimiento, en diversas acciones. Cuando caminan con sus carteras llenas de folders por la Milla de Oro y sus tacos van sonando al unísono con otras que van adelante o detrás. O de repente las que corren por la playa, medio enajenadas de todo, pero cerca de ellas mismas. Me sorprenden más que nunca cuando en la fila del supermercado con una mano sostienen a su bebé y con la otra cargan el carrito, pagan y llenan las bolsas sonriendo al unísono con otras que están haciendo exactamente lo mismo aquí y en la China.
No es que no las hubiera visto antes, es que ahora realmente las veo. Las veo sentadas afuera de la escuela esperando a que salgan los nenes o en la fila del banco tratando de divertir a los nietos mientras las horas pasan lentas. Me emocionan cuando hablan con el alma o bailan como si el día no hubiera sido pesado. Me maravillo cuando las escucho cantar, conducir, gritar. Y me siento inspirada cuando las recuerdo trabajando concentradas frente a un monitor, en una máquina de coser o tal vez encima de un carro dando direcciones y manoteando.
He vivido con ellas toda la vida, vengo de una y crecí con tres. Así que las mujeres son mi especialidad, pero nunca imaginé que podría sentirme tan cerca de ellas como en este proceso. Ser mujer no es solamente bello, sino que es una aventura hormonal. Desde que decides calzarte el rol que quieras y te propongas hasta que decides descalzarte y te acomodas al traje desnudo de mujer.
No hay un espacio que deje de ser intenso o pasajero. Con los pies hinchados, grandes cantidades de sangre adicional por mis venas, una espalda que aguanta a dos y millones de hormonas listas para estallar en emociones conectadas, quiero decirles a mis colegas que son maravillosas. Porque eso de ser mujer es algo que no termina y que tampoco se puede explicar, solo aventurarse a vivir.