Quítate la máscara…

Por Lily García

9 sept 2013, 11:00 pm 2 min de lectura

En estos días me pintaron la sala, y hoy me tocó devolver a su lugar todo lo que había descolgado de las paredes. Lo que más tiempo me tomó organizar fue mi colección de máscaras étnicas de diferentes países del mundo. Comencé esta colección hace más de quince años y he acumulado ya unas cuarenta máscaras. La mayoría las he comprado en mis viajes y otras han sido regalos de amistades.

El tener cada una de ellas en mis manos para darles una buena limpieza y escoger dónde las volvería a colocar me dio la oportunidad de revivir muchos momentos hermosos. Hay una del rostro del Buda que recuerdo haber comprado a última hora en Katmandú, Nepal, cuando ya pensaba que iba a irme del país sin conseguir una máscara. Le tengo mucho cariño a las dos que compré en La Habana en compañía de mi primo, quien reside allá y quien insistía en que en Cuba no iba a encontrar máscaras artesanales. 

Hay una en particular que no recuerdo si la compré o me la regalaron y tampoco sé de dónde es. Es de madera, y dependiendo del ángulo en que decidas colgarla el rostro sonríe o hace un gesto de tristeza. Yo, por supuesto, decidí colgarla sonriendo. Y de repente, al observarla en mi recién pintada pared, pensé en cómo esa máscara me está recordando lo fácil que es pasar de la alegría a la tristeza y de cómo el apego a sentirnos alegres o felices se puede convertir en la puerta a nuestros mayores sufrimientos. 

Hace poco estaba hablando precisamente sobre ese tema en una charla que ofrecí. Mencionaba que en muchas ocasiones aquello que más nos está haciendo sufrir en un momento dado fue lo que más feliz nos hacía. Un ejemplo de ello puede ser el enamoramiento apasionado. Todos nos hemos sentido alguna vez como “en las nubes” y “completamente felices” al inicio de una relación amorosa. Pero mientras más emocionalmente apasionada la relación, más infelicidad puede generarnos a la larga el que no funcione. La muerte de una ilusión puede ser un golpe tan duro como la pérdida de un ser querido.

¿Y cómo evitamos esto? La solución, por supuesto, no está en evitar enamorarnos, ilusionarnos o buscar alcanzar aquello que nos haga feliz, sino más bien en observarnos en el proceso. Cuidado cuando sientas que algo te “llena completamente,” porque automáticamente estás corriendo el riesgo de darte bien duro si “eso” dejara de ser parte de tu vida. Quítate la máscara por un ratito y date la oportunidad de identificar tus grandes y pequeños apegos. Estarás dando un primer paso hacia la liberación de futuros sufrimientos.