Los cassettes de mi adolescencia…
A los siete años, mi primer amor platónico se llamó Axel Rose, el cantante de Guns and Roses. Me ponía las bandanas en la cabeza y coreaba en un raro idioma, que definitivamente no era inglés, “Welcome to the jungle”. Lógicamente, para mi cumpleaños, esperaba el cassette de ellos y, en cambio, obtuve el de Xuxa. Mi tía, quien me lo regaló, siempre cuenta mi reacción en las reuniones familiares: “Tía, muchas gracias, pero, por favor, la próxima vez que me quieras regalar algo, pregúntame qué me gusta”. Y así, en ese primer desamor, arranqué el póster del cuarto, me quité la bandana y salí a jugar. Allí, Axel Rose y mi primer intento de ser una fanática fallecieron.
Después del rock, vino el pop y mi encuentro con él fue en Puerto Rico. Todas mis compañeras de clase de octavo grado pedían de regalo de intercambio el cassette de los Backstreet Boys, así que, y a modo de entrar en calor con el nuevo grupo, escribí en mi lista de intercambios el mismo grupo que todas pedían, pero lo escribí como entendía que se llamaban en español.
Algo que no he dicho es que el inglés a mi vida llegó muy tarde y eso me trajo algunos inconvenientes. El día que nos tocaba abrir los regalos, me entró la emoción de poder ser parte del grupo, aprenderme las canciones y fantasear, pero cuando rompí el papel Los Barrio Boys me esperaban.
Sonreí nerviosa y marché a casa con los Barrio Boys, quienes, sin duda, no se parecían en nada a los Backstreet Boys. Otra vez el destino me llevaba a desistir de la posibilidad de encerrarme en mi cuarto a oír música y fantasear con amores platónicos. En ambas ocasiones, mi relación con la música como fan y por moda se había visto interrumpida por falta de comunicación.
Sin embargo, la música siempre estuvo ahí, colándose en mí de manera subconsciente, pero convirtiéndome en una amante de por vida. Claro que, en aquel entonces, no lo notaba. En casa, Silvio, Sabina, Mercedes Sosa sonaban cada tarde, contagiando a todos de nostalgia por la vida. De camino a la escuela, Espineta, Soda Estéreo y Beethoven, dependiendo del humor de mi madre.
Recuerdo llegar a la escuela y desear que bajaran el volumen, pues esa música no se parecía en nada a la que mis compañeros escuchaban. Hoy, pienso en esos espacios de frustración con la música como fan y me sonrío, porque me abrieron la ventana a enamorarme de ella de una manera más íntima, con nostalgia, influenciada por las mujeres que me vieron crecer. Fui descubriendo que la letra tiene un peso desmedido en el oído y en el recuerdo, siempre más que la cara y que la moda con la que venga acompañada.