La gran mojonera
Hoy no estoy para chistes. Y creo que ni aún haciendo un esfuerzo sobrehumano sería capaz de producir algunas líneas que dieran risa. Este espacio me lo han dado para escribir de nuestra cotidianidad y de cierta manera he querido que juntos nos riamos en cada encuentro porque ya nuestra realidad es suficientemente cruda para tomarla muy en serio.
Pero hay veces que la norma tiene una excepción y hoy me parece que lo amerita. Después de todo, la cotidianidad, divertida o no, conlleva reflexión y me parece que a todos nos urge un poco.
Este no es un problema nuevo, tristemente, pero la frecuencia con la que nos han venido golpeando las noticias sobre maltrato infantil, niños muertos a manos de quienes los engendraron por arranques de no sé qué, un niño sangrando, desnudo y con fractura craneal dejado en un cilindro de lavadora, llora ante los ojos de Dios.
Este último caso me impactó hasta las lágrimas con el primer titular y después no quise saber más. Fue la primera vez en mi vida que opté por apagar la radio, ignorar los noticiaros y no entrar a los diarios electrónicos. No quería saber más.
Y me fui a casa pensando lo que siempre pienso: tanta gente que quiere y no puede tenerlos y tanto desgraciado que los tiene y no los merece.
Me volvieron a saltar las decenas de insultos que me afloran con facilidad en estos casos, las ganas de tener a quienes lo engendraron de frente, de comandar un ejército que se encargara de hacerle justicia al niño y con ganas de ser la última persona en una gran fila que tuviera la patada de oro para empujarlos a una celda para siempre.
Luego de mucho pensar, todavía me quedan ganas de eso, pero todo sería inútil si no buscamos cómo fue que llegamos hasta ahí. Y digo “llegamos” porque en la medida en que una mujer que pare un niño o un hombre que procrea llega al punto inimaginable del maltrato hasta la muerte, todos hemos perdido, porque no vivimos aislados, y es una parte de nosotros que se pudrió.
¿Qué coño pasa por la mente de un ser humano cuando llega a este punto? ¿Qué fuerza tan grande se apoderó de esa persona para hacer lo que hizo? ¿Qué puede ser más grande que el sentido de protección a una criatura que es vida de tu vida? Lo pienso, me rompo la cabeza y no logro contestación.
En otro caso reciente, comenté en Facebook que iba a pagar páginas enteras en los periódicos que dijeran: “Si no quiere a su hijo, no sea imbécil, no lo mate; démelo a mí”. Y un buen amigo me comentó algo que es muy real. Se hacen campañas en contra del maltrato y se promueve la adopción. Pero aún se estigmatiza a la mujer que decide dar en adopción. No se crea el cuento de que todos las ven como mujeres valientes que antepusieron el bienestar de la criatura. Eso no es verdad.
Cuando uno trata de buscar los culpables, tampoco es justo decir que la culpa es de todos. Me perdonan, pero yo no tengo culpa de que alguien sea tan loco y desalmado de poner a su hijo en una bolsa de papel y tirarlo en el zafacón. Soy fiel creyente en la responsabilidad individual y mi desempeño como ciudadana no abona ni justifica tamaña locura de nadie.
Sé que habrá gente en desacuerdo conmigo y estoy dispuesta a asumir esa crítica, pero creo de veras que tenemos que dejar de jugar con el asunto de la educación sexual, que por amor al cielo no es un asunto político, es un asunto social. Nadie debe andar por ahí pensando que sus actuaciones no tienen consecuencias y que, si las hay, las bregan después. Educación sexual con civismo. Sí, porque reconozcamos que no todos los padres son como los suyos o como los míos. Yo no tuve clases de educación sexual ni de civismo, pero tenía una madre que con las chancletas me lo explicaba de lo más bien y créame que verle la cara de enojo era el mayor de los disuasivos.
Con solo crear conciencia en un futuro padre o madre, ya estamos salvando al menos parte de lo que nos queda.
La semana que viene volvemos a reírnos, pero hoy los dejo con esta reflexión. Al niño que por poco matan esta semana lo encontraron, irónicamente, en un lugar conocido La Mojonera, en Rincón.
Amigos, les digo sin que se me quede nada por dentro, tenemos que despertar urgentemente a atender este problema o todo Puerto Rico será “la gran mojonera”.