Nada en la nevera
Es uno de esos momentos que nos quedamos en blanco. Llegó la hora de cocinar, vamos a buscar a la nevera y está casi de showroom. Y como pasa en la popular película española del mismo título cuando Carlota al final se frustra porque su nevera y su corazón están vacíos de nuevo, uno se siente medio perdido y desesperanzado. Empieza a dar vueltas a ver si por obra y gracia en la nevera aparecen vegetales, quesos y cualquier otro ingrediente que te haga falta para cocinar lo que tenías en mente.
En un momento así es cuando aplica a la perfección el concepto de una alacena, nevera y un freezer bien surtidos. No tienen que parecer de Costco o de Sam’s, pero si le das un poco de cariño extra verás como te ves haciendo comidas deliciosas, rápidas y diferentes todo el tiempo. Te sugiero que cuando veas algo que te llama la atención, sea fresco o empacado, cómpralo para que puedas probar. Sólo tienes que hacer una búsqueda en Internet, o hasta escribirme para pedirme ideas, de cómo usar eso que desde hace tiempo quieres probar y nunca lo has usado. Puede que en nada se convierta en un imprescindible en tu cocina. El mío en las últimas semanas, como lo han podido apreciar en mis últimas recetas y como lo seguirán apreciando en las próximas ha sido el yogurt griego porque lo estoy usando para todo.
Así te verás disfrutando más la cocina, no como tarea, sino como pasatiempo, porque tu lo escogiste. Algunas veces lo podrás hacer en la semana, otras quizás en el fin de semana y va en coche. Lo que importa es que si te gusta y tienes las herramientas puedes aventurarte cuando te sea conveniente. Yo soy una persona de experimentar todo y en la cocina las combinaciones son infinitas. Y hasta con el cambio más sencillo en cómo cortaste los vegetales o presentaste el plato ya lo haces diferente. Aunque el resultado es importante no es que estás corriendo un restaurante (ni el mise en place con que tanto me machacaban en las clases de cocina creo que sea lo más práctico para la cocina hogareña porque para empezar tienes que fregar doble), lo que haces es para tu familia y amigos y ellos aprecian el esfuerzo que haces y se disfrutan lo que les ofreces. Así que si experimentaste con algo y no te encantó el sabor, no importa, en otro momento le haces tus cambios hasta que el sabor sea tuyo. Esa es la idea.
¿Cómo comenzar? Congelado puedes tener sirloin molido, camarones congelados que se cocinan en menos de 10 minutos, vegetales congelados orgánicos, que muchas veces es mejor comprarlos congelados porque preservan su valor nutricional hasta que llegan a tu mesa, distintos tipos de panes como baguette, pita, enghish muffins, focaccia y puff pastry. De alacena variedad de vinagres y aceites de diferentes sabores e infusiones porque nunca están demás, hierbas y especias secas que puedes tener grupitos por tipo de comida (las italianas, caribeñas, asiáticas), y algunas salsas para pastas y carnes. Y por supuesto salsa soya, salsa de pescado (fish sauce), salsa de tomate, caldos de pollo y carne, algunos quesos y harina y chocolate chips para postres. Este tipo de ingrediente dura por varios meses (algunos hasta un año) así que no tienes que preocuparte de que se dañarán rápido. Es importante que evites lo más posible los alimentos enlatados por la contaminación de BPA y evita los alimentos con ingredientes innecesarios (alerta a los que tienen más de 5 o 6 ingredientes) como las grasas hidrogenizadas y el high fructose corn syrop. Aunque pueden ser unos dólares más caros la realidad es que los usas en pequeñas cantidades y el resultado y sabor de tu comida será superior, además de que tu cuerpo te lo agradecerá. Estos productos los consigues en tiendas culinarias especializadas y hasta en tiendas por departamento de marcas famosas por mucho menos.
Esta es época de retomar las rutinas de nuestro diario. Puede que todavía nuestros zapatos tengan arena y haya uno que otro bulto fuera de sitio. Pero les aseguro que si empiezan a integrar estas ideas en esa segunda parte del año se verán inventando en la cocina cositas rápidas, riquísimas y mucho mejor para tu salud que comidas congeladas o preparadas con todo lo que se han inventado hasta ahora que no aporta a nuestra nutrición. Esta receta suena diferente y moderna, pero la realidad es que sus ingredientes son tan básicos como unos zapatos negros en el closet de una mujer. Lo único que uso para experimentar es el polvo de wasabi. Dependiendo de tu gusto por el pique puedes echarle más o menos, aunque el polvo no es tan fuerte como la pasta verde que nos sirven con el sushi. La puedes preparar con anticipación y adelantas cualquier cosa mientras se enfría para poderse cocinar. Va perfecta con vegetales, una ensalada y mucho limón. Espero la disfrutes.
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Frititas de maíz con camarones
- Camarones – 1 lb, alrededor de 16 piezas de los grandes o 24 piezas de los medianos
- Mayonesa – ½ taza
- Huevo – 1 grande
- Worcestershire sauce – 1 cda
- Mostaza – 1 cda
- Polvo de Wasabi – ¼ a ½ cdta
- Harina de maíz – ½ taza
- Sal – ¼ cdta
- Pimienta negra – 1 pizca
- Aceite vegetal – ½ taza
- Cilantro – opcional
Descongela los camarones sumergiéndolos en un envase con agua caliente por unos minutos. Una vez descongelados sécalos bien y corta los tallitos. Colócalos en la taza del procesador de alimentos y pulsa en velocidad baja de 4 a 6 veces, hasta que tengan una textura desmenuzada. Descarta el agua de descongelar, seca bien el envase y vuelve a echar los camarones.
En un envase mediano combina la mayonesa, la mostaza, la salsa worcestershire y el wasabi. Añade luego el huevo y combina todo hasta que el huevo este integrado con la crema.
Ahora vas a combinar la harina de maíz con la sal y la pimienta. Luego de que esté todo combinado integra la mezcla de la mayonesa y mezcla bien. Guarda en la nevera de 45 minutos a 1 hora.
En un sartén grande calienta el aceite hasta que alcance los 325°. Rellena la medida de 1/3 de taza para que todos queden uniformes. Usando una cuchara llena la tacita y presiona bien para que la fritita quede compacta y con forma, sin tener que ensuciarte las manos. Vierte la mezcla sobre el sartén precalentado. Fríe de 2 a 3 por ronda de 2 a 3 minutos por cada lado. Retira del sartén y colócalas sobre papel toalla para que se absorba el exceso de aceite. Báñalas con un poquito de limón y acompaña con vegetales o ensalada.