Lily García: Verano de nuevos comienzos

Por Lily García

13 ago 2013, 12:00 am 2 min de lectura

Hay ocasiones en que el universo decide ponerse graciosito y nos sopla una de esas bofetadas cósmicas que nos obligan a reinventarnos.  Pues este verano llegó para mí con un festival de bofetás.     

A finales de mayo fui a hacerme mi primera colonoscopía, por aquello de persuadir a mi esposo, Tom, a que hiciera lo propio. Lo mío iba a ser una simple prueba de rutina, ya que no tengo historial de cáncer de colon en la familia, me ejercito bastante y, aunque no soy totalmente vegetariana, no como carne roja desde hace veinticinco años. 

Pero la vida te da sorpresas. Me extrañó que la doctora me dejara un mensaje en el celular para que la llamara. Cuando lo hice, me informó que estaba sumamente sorprendida de que uno de los dos pólipos que me habían removido había resultado canceroso. Primera bofetá. Lo que más recuerdo de ese momento es lo poco que recuerdo. Ya en su oficina, cuando la tenía hablándome de frente, recuerdo que la oía, pero en realidad no la escuchaba. “Ah”, pensé. “Así debe sentirse el shock, la primera de las etapas por las cuales uno pasa ante una pérdida”.

Tomé la decisión de devolverle el balance a mi cuerpo sometiéndome por tres meses a una dieta de detox bajo supervisión de mi naturópata y repetir en diciembre la colonoscopía y otras pruebas. No había salido del shock del diagnóstico cuando me llaman del periódico en el cual escribí una columna durante catorce años a decirme que, lamentablemente, me la estaban cancelando. Segunda bofetá. Y no pasaron dos semanas cuando hacían lo mismo de la revista para la cual escribí por varios años.  Inhalé y exhalé. Y va la tercera. 

Pero, a pesar de todo, aquí estoy hoy, celebrando con ustedes mis nuevos ciclos. Gracias a la oportunidad que me está dando Metro, vuelvo a compartir con mis lectores mis herramientas de vida. Gracias al detox, no solo he bajado de peso, sino que siento más energía que nunca. El proceso me ha motivado a inscribirme de nuevo en clases de zumba y aeróbicos, un poco por el ejercicio, pero más que nada porque bailar sencillamente me hace feliz. Y por fin comencé el proceso de remodelación de las escaleras de madera de mi casa que el comején se había comido y que llevaba posponiendo hace tres años porque siempre había “otras prioridades”. Me siento como un viejo negocio “bajo nueva administración”. 

Y, aunque confieso que me asusta un poco lo que pueda venir, sigo enfocándome en lo que tengo y no en lo que pude haber perdido. Gracias por escucharme y nos vemos en dos semanas.