De inicios escolares y planes decenales

Por Armando Valdés @armandovaldes

9 ago 2013, 12:00 am 2 min de lectura

Este inicio de clases fue indudablemente mejor que los de años anteriores.

La participación de 190,000 padres, promovido por el gobernador Alejandro García Padilla —quien, aún siendo mandatario, se encarga de dejar a sus tres hijos en la escuela todas las mañanas— fue un logro histórico. Involucrar a los progenitores en la educación es fundamental para que el proceso pedagógico no termine a las tres de la tarde.

Y fuera de algunos casos aislados de problemas de personal en los comedores, hubo maestros, materiales, libros y escuelas abiertas. La preparación fue la orden del día y el país se evitó el bochornoso espectáculo de hace cuatro años cuando, bajo la dirección de Carlos Chardón, el inicio del semestre fue atrasado por el pobre estado de los planteles.

Dicho eso, tenemos que pensar no en el inicio de un semestre, sino en el inicio de un proceso de cambio en el Departamento de Educación que fomente una revolución en nuestro sistema de instrucción pública. Quienes promueven el llamado plan decenal, cuyo mérito principal aparenta ser que duraría diez años, entienden que el problema que enfrentamos es la poca continuidad de la política educativa. En cambio, soy de la opinión que el problema es el exceso, no la falta, de continuidad.

Cierto es que cambian los administradores y los lemas con los cuales se identifican ciertos programas o iniciativas pasajeras, pero en lo que respecta a temas curriculares, la filosofía educativa, la estructura administrativa y la infraestructura escolar, el Departamento es un gigante inerte. A pesar del reclamo por la actualización del programa educativo a las realidades de una economía globalizada y más competitiva, las ciencias, las matemáticas y el inglés siguen siendo materias rezagadas.

Puerto Rico no tiene recursos naturales en abundancia. Aunque suene trillado, el recurso principal del país realmente lo es su gente, su talento. Y, afortunadamente, los países más ricos no son hoy aquellos que producen bienes, sino aquellos que producen ideas.

La acción es urgente. El tiempo dedicado aquí a la planificación es tiempo que otras jurisdicciones están dedicando a dar pasos agigantados hacia el futuro. Mientras elaboramos otro documento más que aspira a ser la panacea, que como tantos otros planes podría quedar en nada, en Los Ángeles, Exploring Computer Science desarrolló y está implantando un currículo de programación para estudiantes desaventajados desde el nivel elemental.

Muchos aquí también estarían dispuestos a aportar si se liberan las cadenas de una burocracia que estrangula la creatividad y la innovación. Así comenzaríamos a hacer camino al andar.