¿Quién es más periodista? ¿El de farándula o el de "hard news"?

A raíz del foro en primera convención de periodistas de Puerto Rico

Por Yolanda Rosaly @YolandaRosaly

8 ago 2013, 12:00 am 3 min de lectura

Dígame usted, amigo(a) lector(a), cuál es el factor determinante para que le crea o no a un periodista u otra persona que, a través de cualquier medio de comunicación, informe u opine sobre algún hecho de relevancia para la mayoría de los ciudadanos. ¿Se deja llevar por su nombre (o renombre), el medio para el que labora, sus credenciales o estudios formales, la proyección y estilo a la hora de transmitir el mensaje, su trayectoria de primicias y/o exclusivas o el tema o contenido de la noticia?

Probablemente responda que es “una combinación de todas”. Pero me inclinaría y atrevería a pensar que usted escogería todo aquello relacionado con la forma y manera de presentar la información: cantidad de datos y evidencia que lo sustenta, es decir, su veracidad. Lo anterior, además de la forma y manera de presentarla: ordenadamente, al grano y en un lenguaje tan correcto como sencillo.

¿A qué viene todo esto? A que en días recientes estuve presente en un foro llamado “La espectacularidad de la noticia”, el que, al final, terminó siendo la oportunidad dorada de muchos periodistas para desviar el tema o, mejor dicho, confundirlo con “las noticias de espectáculos” y las otras formas en que se le conoce y critica a este género: “chismes”, “noticias de farándula”, “notas rosa”, en fin, “noticias que a nadie le importan”, como mencionaron algunos.

Y, créanme, que nada de lo que allí escuché me sorprendió, pues, desde los mismos inicios de mi carrera periodística (casi 30 años), la percepción de muchos de estos periodistas sobre el género del entretenimiento ha sido igual. Y mi reacción, la misma: el valor del trabajo periodístico se mide NO por el contenido de la noticia, sino por la forma en que se transmite. Por eso, me atrevo a decir que, en ocasiones, aún en los llamados programas de “chismes” (en los que están y en el que ya no está), se suele hacer mejor periodismo que en muchos medios informativos “formales” de toda índole.

Por otro lado, si no fuera así, ¿por qué por años han sido los de mayor sintonía en el país? “¡Porque el chisme entretiene!”, responderán muchos. Sí, Pepe… Entonces, ¿por qué escuchamos a tantos afirmar que un hecho es absolutamente verídico porque lo escuchamos en tal o más cual programa (de chismes) de la misma manera que podemos hacerlo citando un medio informativo tradicional? Sencillo: porque quien informa su contenido (porque también de eso depende) y la trayectoria o récord de ese emisario se han ganado la credibilidad del pueblo.

Es por esto que no debe extrañarnos que los periódicos, noticiarios o programas de noticias y análisis recurran al estilo de “espectacularidad” que tanto éxito les ha merecido a otros. ¿Y qué tiene eso de malo? Mientras no se mienta y se expresen los hechos como ocurrieron, ¿cuál es el problema de romper esquemas, utilizar un lenguaje más simple, cotidiano y directo como el que utilizan —y utilizamos— aquellos que hemos tenido el honor y el privilegio de trabajar toda una vida con noticias relacionadas con el mundo del entretenimiento? Ninguno.

¿Y saben qué? Al final, todos estos medios son negocios con fines de lucro cuya meta primordial es obtener ganancias, lo que es perfectamente legal y razonable. Así las cosas, el truco está en lograr ser tan ético como “espectacular” en la forma y manera de transmitir una noticia, la que sea; en encontrar el balance perfecto entre lograr la atención de quien nos lee, mira o escucha y serles fieles a los hechos. Pero esto hay que saberlo hacer. Ahí está el detalle.