La hamburguesa in vitro, los alimentos transgénicos y la dinamita

Por Arlin Feliciano @Ciencia_Boricua

6 ago 2013, 12:00 am 3 min de lectura

En los pasados años, los científicos han estado en la búsqueda de maneras para aumentar la producción de alimentos con el fin de apaciguar y quizás eliminar el hambre en países pobres. Una de las tecnologías más exitosas ha sido la creación de alimentos transgénicos (modificados genéticamente). Los alimentos transgénicos están modificados para ser más resistentes a plagas y pesticidas, producir más frutos, entre otras cosas. Gracias a la modificación genética de la papaya, se salvaron las cosechas en Hawái, que habían sido seriamente afectadas por un virus. Entre los alimentos transgénicos disponibles comercialmente están la soya, el maíz, el tomate, el arroz entre otros.

Todo esto suena muy alentador; pero los alimentos modificados tienen mucha oposición. Algunos cuestionan su seguridad y los efectos de su consumo a largo plazo. El negocio de los alimentos genéticamente modificados es muy lucrativo, produciendo billones de dólares anualmente. Sin embargo, millones de personas alrededor del mundo siguen pasando hambre.

Ahora, se han inventado una técnica para crear carne de hamburguesa in vitro o en un plato Petri. Los que probaron la “carne” dijeron que no sabía mal, aunque le faltaba la grasita que le da sabor (ya saben, todo lo que tiene grasa sabe mejor). Ya los científicos, y los no tan científicos, están ventilando las posibilidades de esta creación. ¡La solución para erradicar el hambre! Los vegetarianos están exclamando que ellos comerían esta “carne” porque no proviene de animales sacrificados. De pasar todas las pruebas de sabor y seguridad, algunos han estimado que podríamos encontrar este producto y otros similares en el supermercado dentro de unos 20 años.

Al leer esto, ya yo estoy virando el hocico (o como diría mi mamá en buen puertorro, jocico). ¿Por qué? Primero, el proceso para desarrollar la tecnología costó más de $300,000. Esto significa que traducir este proceso a uno de grande escala será muy caro y por lo tanto, el producto tendría que ser vendido a un precio muy alto. Esto se debe a que las células que dan origen al tejido requiere de un control de ambiente y un suero de nutrientes, hormonas, vitaminas y antibióticos (para evitar que se contamine el cultivo). Ya aquí veo la segunda situación. Puedo imaginarme cómo habrá miles de personas opuestas a un producto lleno de químicos procesados. Que me perdonen los científicos, pero para mí, una hamburguesa orgánica o natural es una que proviene de una vaca que se jartó de grama (si, si yo sé que se dice hartó). En esencia, este proceso es igual a de los criaderos comerciales de animales para el consumo, que también se le dan hormonas y antibióticos.

Por último, de llegar ser aprobado su seguridad para consumo, no creo que sea esta “carne” la solución para el hambre mundial. Mis argumentos anteriores también aplican aquí. Si hubiera suficiente dinero y suero para alimentar células de vaca, creo que estarían mejor empleado el dinero alimentando directamente a esta gente.

A los que me puedan tildar de “hater” de la hamburguesa clonada, les digo que no lo soy. Si nos dejamos llevar por la historia, muchas de las cosas que se han creado con buenas intenciones terminan utilizándose para otras cosas, por ejemplo la dinamita, las cirugías plásticas y los alimentos transgénicos. Quizás esta tecnología no tome auge; quizás se emplea de tal manera que cause una revolución culinaria mundial. Solo nos queda esperar.