Snowden debe permanecer lejos de Latam

Por David Trads @DavidTrads

29 jul 2013, 12:00 am 3 min de lectura

WASHINGTON DC – Si yo fuera Edward Snowden, me quedaría en Rusia y tan lejos de América Latina como sea posible. ¿Por qué? ¿Por qué preferiría vivir en Moscú? ¡No es posible! La razón es simple: solo en Rusia un asilo político duraría para siempre.

La política exterior de un país normalmente se decide por estrechos intereses propios: número 1: ¿qué puede mantenernos a salvo?, y número 2: ¿cómo podemos mejorar el comercio? Solo dos grupos de países están excluidos de esa regla: las grandes potencias, que están acostumbradas a influir en todo el mundo, y los países más pequeños, que tienen presidentes que creen que están en una misión especial.

Por ahora solo tenemos una superpotencia, Estados Unidos, y dos potencias que sueñan de ir de gran a súper: China está ganando importancia debido a su crecimiento y enorme población, pero Rusia, bajo Vladimir Putin, está tratando desesperadamente de recuperar su estatus de super-Estado de la Unión Soviética. El sueño de Putin es ser tan poderoso como Pedro el Grande y Stalin, y no es solo su sueño; es el sueño de todo político ruso.

Rusia lo protege como un tesoro para el resto de su vida, porque cualquier daño que le hagan disminuiría la importancia de Moscú. En otras palabras, si realmente quiere estar fuera de la cárcel, Snowden tiene que permanecer en Rusia.

América Latina sería un camino peligroso. Los presidentes que están a favor sobre que Snowden se asile en Latinoamérica son más que todo de tendencia izquierdista, fuerte- mente antiestadounidenses y con grandes egos. Con Hugo Chávez, quien mientras vivió se proclamó el heredero natural de Simón Bolívar, todos estos líderes sueñancon ser el próximo Chávez, especialmente Nicolás Maduro en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador y hasta Daniel Ortega en Nicaragua. Para cualquiera de ellos, saludar a Snowden en su aeropuerto sería la oportunidad para tomarse la foto de su vida. Se retratarían como la persona que le hizo frente al poderoso Estados Unidos.

Pero, y esto es muy impor- tante, en un futuro no muy lejano estos líderes perderán poder y especialmente si el nuevo presidente es de tendencia derechista, estaría muy pero muy tentado a entregarle a Estados Unidos lo que quiere: Snowden. Cualquier nuevo líder en Caracas, La Paz, Quito o Managua ganaría tanto en la política exterior levantando el asilo político y dejando de lado el simple obstáculo entre una relación normal y tensa con EE. UU.

Si Snowden tuviera que desplazarse a América Latina, temería a cualquier futura elección que podría acabar con su posible dulce vida en la playa…

Esto no es un simple paseo por el parque para molestara Estados Unidos. Algunos ejemplos son Cuba, que ha sufrido un embargo comercial medio de siglo después de que Castro nacionalizara las empresas de propiedad estadounidense, y Ecuador es la oveja negra de la diplomacia internacional después que decidiera darle asilo a Julian Assange después de WikiLeaks. Y todo el mundo notó cómo Rafael Correa, el líder ecuatoriano, dejó de cortejar a Snowden justo después de que Joe Biden, el vicepresidente de Estados Unidos, lo llamó por teléfono. Incluso, Evo Morales, quien recientemente fue humillado cuando su avión fue obligado a aterrizar en Europa, porque al parecer Estados Unidos pensó que tenía a Snowden en su avión privado, regresó en un tono más suave. Entonces Morales retiró a sus embajadores de Francia, España, Portugal e Italia como una enorme maniobra de rela- ciones diplomáticas, pero esta semana los envió de regreso, “porque queremos continuar con unas relaciones de respeto entre nuestros países”, dijo el presidente boliviano a los periodistas.

Si yo fuera Snowden, quisie- ra permanecer en Rusia, aún más si he oído cómo Morales, Correa y los demás empiezan a ceder. Snowden, al parecer, es solo un problema. A menos que tú seas Rusia.