De lo inconsecuente a lo vital

Por Armando Valdés

19 jul 2013, 12:00 am 2 min de lectura

Mientras algunos en el país, incluido yo, debatíamos acaloradamente el reembolso de $900 en la Cámara, los medios generalmente ignoraron lo que sin duda fue la noticia más importante de la semana: la visita de un líder global, del calibre de Bill Clinton, para iniciar un diálogo sobre el futuro energético de Puerto Rico. 

No es decir que las tres ramas gubernamentales no deban ser escrutadas estrictamente por el pueblo y los medios. Pero el acto irreflexivo de criticar y sacar de proporción cualquier acción legislativa se ha convertido en un sustituto fácil para la profundidad y la sustancia. Cualquier expresión impensada, siempre que se ajuste a la exigencia de que fustigue y ridiculice al legislativo, hace de uno un erudito y un paladín de la democracia.

Ciertamente hay razones para evaluar críticamente a todo funcionario público. Esta legislatura ha hecho cosas buenas y cosas malas, como todas. Sin embargo, limitarnos en la crítica a temas como el ya famoso reembolso es tirar, nosotros mismos, una cortina de humo que oculta lo trascendental. 

Que quede clara mi posición: la regulación por parte del Presidente de la Cámara me parecía una medida adecuada para establecer un tope en la cuantía, y criterios estrictos, para el reembolso de gastos legítimos vinculados únicamente a la realización de funciones legislativas. Esto como consecuencia de los recortes, nunca antes vistos, en la compensación de los legisladores.

Ahora bien, tan inoportuno es que senadores y representantes se enfoquen únicamente en la discusión de su remuneración, como el que nosotros los obliguemos a dedicarle una semana entera a la defensa de una regulación relativamente inocua.

Mientras el país se ofuscaba en la discusión de lo que, como mucho, llegaría a ser un gasto de $551,000, o sea, aproximadamente un 0.006% del presupuesto del Fondo General, Clinton se dirigía al país sobre un problema que afecta el bolsillo, al son de miles de millones de dólares, y las oportunidades de empleo, de cada puertorriqueño.

Clinton le leyó la cartilla al gobierno permanente de la Autoridad de Energía Eléctrica – a ese aparato administrativo intermedio – que aún con los mejores esfuerzos de Juan Alicea y el Gobernador, se resiste al cambio. 

Nos advirtió, utilizando como fundamento su vasta experiencia a nivel mundial, que países que compiten con nosotros, con menos recursos, han logrado hacer la transición a la energía renovable, abaratando así su costo y fomentando el crecimiento económico. 

Lamentablemente, en lugar de utilizar esta visita como oportunidad para enfocar en un proyecto de crítica importancia para el país, exigimos que la atención de nuestros líderes estuviera en otro lado. Les pedimos que rindieran cuentas sobre lo inconsecuente, ignorando así lo vital.