Un pasado bien pisado

Por Natasha Sagardía @NatashaSagardia

15 jul 2013, 12:00 am 2 min de lectura

El pasado  puede sentirse a veces como un impulso o como  un ancla. Un impulso de esperanza de poder recuperar lo mejor de otra época y repetirlo o mejorarlo en este presente. Un ancla porque a veces nos podemos dejar  seducir con esa afirmación histórico-sociológica de que somos productos de él, y elegimos ser solo lo que fuimos.

Sea un impulso o un ancla, el pasado perecería ser el imaginario de nosotros en otro tiempo. Un tiempo que se hace vivo con  la nostalgia de lo que extrañamos. Ahí me gusta imaginar que reside la complejidad de nuestro presente. En saber indagar que es lo que extrañamos de nuestro pasado.

Carlos Gardel  se pasó una vida cantándole al parpadeo de las luces que a lo lejos lo veían “Volver”. Volver a un Buenos Aires  que lo vio crecer, sufrir y, en su regreso, le enseñó a tener expectativas.

Su pasado parecería estar atado a su relación con el lugar de dos maneras: como un  impulso caracterizado por la “Humilde esperanza” sobre lo que vendrá, y como un ancla al desear volver a su mejor tiempo vivido, su pasado.

Para el fraile Francisco de Asís, en el siglo XII su pasado de joven acaudalado  fue el impulso para desafiar el ancla de lo que fue y convertirse en lo que quería ser; un hombre austero que dedicó su vida al servicio del prójimo. Su decisión desafió la afirmación de que somos un producto de lo que fuimos.

La gran Julia de Burgos, poetisa y activista puertorriqueña, inmortalizó esta dualidad sobre el pasado en uno de sus trabajos mas famosos: “Yo misma fui mi ruta”, en el que expresa su  resistencia  al caminar hacia atrás  y declama su decisión de hacerse camino en el presente. Julia denunciaba la inequidad de derechos para las mujeres en esa época e impulsaba a sus colegas a no ser presas del pasado que las anclaba.

El pasado es para todos una invitación a descubrirnos día a día en el presente. A través de la nostalgia de lo que fue y de lo que fuimos en él. Cuando escucho a Gardel, pienso en su tierra y me invita a recordar una parte de mi nostalgia. Cuando recuerdo a Francisco de Asís, me lleno de esperanzas de mejorar mi presente, y al leer a Julia de Burgos, no puedo evitar sentirme orgullosa  de la libertad de mi pasado y quiero seguir repitiéndola en mi presente. 

Nadie aprende por pasado ajeno, pero uno sí puede inspirarse en otros pasados bien pisados.