¿Qué fila estás siguiendo?
Esta semana me cautivó el tema de la xenofobia. Todo comenzó el lunes, cuando leí un artículo sobre la posible reforma migratoria y la forma en que afectaría a Puerto Rico fiscal y culturalmente.
El martes pasado, me sumergí en una película sobre el terrible holocausto judío. El miércoles, el periódico y la cadena de noticias CNN seguían bombardeándome con la reforma migratoria; sumándose la quebrantada salud del ex presidente sudafricano Nelson Mándela.
Pareciera que esas noticias no tuvieran nada en común; pero la verdad es que las tres me afectan de la misma manera. Me obligan a cuestionarme lo siguiente: ¿Estaré participando, inconscientemente, de algún comportamiento xenofóbico o racista en este momento?.
Una buena educación desarrolla la capacidad crítica indispensable a la hora de la reflexión. Recuerdo que durante mi bachillerato, los profesores sembraron en mí la semilla del cuestionamiento sobre la historia. ¨La única certeza- aseguraba el revisionista- es que no hay certezas en el comportamiento humano¨.
Partiendo de esa noción, me impactaron notablemente la segunda guerra mundial y, especialmente, el holocausto; sumados al genocidio del pueblo armenio y a una de las mayores masacres de la historia: el descubrimiento del ¨nuevo mundo¨ y sus guerras de conquistas.
Imaginarme ahí, en ese momento histórico, me producía pavor: en primer lugar por reconocer que somos el producto directo o no, de una historia que esta basada en la violencia. En segundo lugar, me empujaba, casi masoquistamente, a imaginar qué posición asumiría yo en esa realidad, viviendo en ese tiempo y espacio.
Aquí, a la distancia y desde esta columna resulta cómodo cuestionar o denunciar lo que ya ha sido cuestionado y juzgado por la humanidad.
Hoy, me obligo a realizar el mismo ejercicio, porque parecería que históricamente cometemos el error automático de caminar en fila. La pregunta surge inevitable: ¿Qué fila estoy siguiendo?
Los invito a reflexionar sobre estos ejemplos: Acaso los chistes generalizados y repetidos, hasta con cierta inocente inercia, sobre la población dominicana en la isla; no se parecen a las caricaturas narizonas de los judíos PRE- Guerra o los recientes comentarios racistas de la chef estadounidense Paula Deen, declaraciones que conmovieron al país con verguenza, sin embargo – apelando a nuestra sinceridad, en el fondo todos sabemos que el sentimiento aún existe para muchos.
Por otro lado, Nelson Mándela es la denuncia viva de que esas filas existen, pero también que pueden ser disueltas con la entrega comprometida. Un héroe mundial contra el apartheid en Sudáfrica.
Mi intención con esta reflexión no es la de denunciar actos xenófobos o apuntar con dedos inquisidores. Sino una real invitación a mirar a nuestro alrededor y a hacer el ejercicio de tener claro qué estamos siguiendo.
Impulsarnos a estar conscientes, desde la participación en chistes o comentarios culturales y racistas, hasta la activa intervención autómata de los movimientos que son basados en la intolerancia a las diferencias.
Hay que mirar nuestra propia intolerancia, aquí en casa. Porque desde adentro es que podemos crecer como sociedad y como seres individuales.
Después de todo, uno puede elegir dónde dar el paso y con qué fuerza.