Viviendo al son de su metrónomo
De padre libanés y madre italiana, Soraya nació convocada a tranzar con las diversas perspectivas. Creció entre la sinfonía de tres idiomas y se alimentó de una riqueza multicultural que la impulsó a tener una mirada amplia sobre las diferencias. Para ella, ser genuina no es un trabajo, sino el resultado de actuar con la única guía de la sensibilidad.
En su hogar no faltaron los músicos o artistas, todos de talento nato. Creció rodeada de arte, pero nunca sintió que representaría su futuro. “A veces escoges qué harás y a veces solo llega; a mí la música me encontró”.
El reto de convertirse en manejadora de la banda puertorriqueña Cultura Profética se fue desarrollando paulatinamente hasta que, en 2010, Soraya se lanzó a la aventura.
“Para mí, el resultado de las circunstancias que se presentan en la vida se deben un noventa por ciento a la actitud que elegimos para enfrentarlas y un diez por ciento a nuestra capacidad para reconocer los retos”.
Ser la manejadora de una banda tan importante como Cultura Profética es para Soraya un privilegio.
“Es un placer poder ofrecer algo tan maravilloso, lo que muevo es especial y único”, me contestó cuando le pregunté sobre su papel de manejadora. Para ella, su trabajo no requiere subirse o bajarse de los zapatos de un rol, sino de estar convencida de que lo que intercambia es una propuesta de autenticidad más que un producto musical.
De sangre con ritmos e historias mezcladas, Soraya cada día se dispone a aprovechar siempre la mano de cartas con la que cuenta. Es una mujer que está consciente de lo que tiene y está lista para hacer con ello lo mejor que pueda. Curiosamente, le gusta llamarse “hormiga”, como quien labora sin ponerle una especial atención a la carga y sí, al resultado del esfuerzo. Con Cultura Profética comenzó su relación con la música laboralmente, pero su historia confirma que sus pies se mueven al son de su propio metrónomo.