Lo que cubro: “Mi nombre es Ivette Sosa y soy periodista”

Por Ivette Sosa @ivettesosaT2

28 may 2013, 12:00 am 3 min de lectura

El otro día estaba en un tribunal cuando un alguacil se me acercó para advertirme que hiciera mis entrevistas detrás de la valla que ubica próxima a los elevadores. Siempre he sido respetuosa de las reglas, sobre todo aquellas que impone la Administración de Tribunales. Cuando le expresé que eso era lo que se hacía de ordinario, me dijo: “Ayer una colega suya de otro canal vino entrevistando a un testigo por todo este pasillo hasta llegar a la entrada de esta sala. Eso no está permitido”, concluyó en un tono de voz firme. La pregunta automática se me escapó: “¿Quién fue esa?”. ¡Cuál fue mi sorpresa al conocer de quién se trataba! Aunque no revelaré su nombre en este espacio, sí quisiera poner unos cuantos puntos sobre las íes. “Mi nombre es Ivette Sosa y soy periodista”, le dije, apretando fuertemente la mano de aquel alguacil, quien juzgó a justos por pecadores. “No trabajo para programas de chismes. Hay que hacer la distinción. Quien violentó su reglamento no es periodista”, puntualicé. El rostro del alguacil cambió de color. Noté que sintió vergüenza ajena y continué con todo lo que me provocó responderle.

Con la franqueza que me caracteriza, le dije que con quien tenía que hablar era con quienes habían roto las reglas que los periodistas observamos a diario. Esa persona no era periodista; trabaja en esos programitas donde se ventila la vida privada de las figuras públicas y donde (en ocasiones) se dañan reputaciones. Quienes llevamos el periodismo en la sangre respetamos las numerosas reglas en nuestro rol informativo. Respetamos el trabajo de otros compañeros, aunque sean de la competencia.  Y es que no son periodistas aquellos que interrumpen una entrevista importante en un caso de alto perfil para preguntar acerca de un rumor o un mero bochinche de barrio. Tampoco lo son aquellos que, quizás queriendo pautarse en los noticiarios serios, se meten en los tiros de cámara de los canales comerciales.  Mire, si usted trabaja en un programa de chismes, no es periodista o, por lo menos, se quitó el sombrero de esta ilustre profesión para ponerse el gorro de un chismoso momentáneamente, pues supongo tendrá que llevar el pan a su mesa.
 
El colmo es que, en estos programitas, hay quienes se cantan de “periodistas investigativos”. No lo son. Nunca lo serán y esa es la verdad “monda y lironda”. En otra ocasión, una de estas personas llegó tardísimo a un caso judicial. Tras tirar la puerta, interrumpió el proceso haciendo un escándalo para ubicarse en la atestada sala. No llevaba una libreta para hacer sus apuntes, pero sí portaba un extraño bolígrafo que desde un avión se sabría que era una pequeña grabadora. A la vista de todos, sacó  aquel  “bolígrafo-cámara” y comenzó a grabar parte de los procedimientos. ¡Qué iluso el seudoperiodista! Como si la Administración de Tribunales no se fuera a enterar de los visuales que presentaría ese mismo día en su programita. ¡Hello!

Así las cosas, le sugerí al alguacil que sus superiores podían reunirse con quienes violenten las reglas o llamarles la atención como Dios manda, excluyendo a todos los que seguimos las normas al pie de la letra. ¡Distancia y categoría por Dios!  El tiempo dirá si tomará o no mi humilde recomendación.  ¡Que Dios nos coja confesados!