Medicina restaurativa para una vida saludable

Por Rosimar Torres León

28 may 2013, 12:00 am 2 min de lectura

Para las personas que buscan tener una vida productiva, activa, libre de afecciones, o mejorar ciertos padecimientos, la medicina restaurativa es una excelente opción.

Y es que la medicina de antienvejecimiento utiliza las tecnologías más avanzadas para la detección temprana, prevención y poder revertir enfermedades.

La medicina restaurativa es una estructura multidisciplinaria que se enfoca en mejorar la calidad de vida, hacernos sentir con más energía, alegría y vitalidad, y no solo tratar los síntomas. Se enfoca en entender los procesos fisiológicos fundamentales del organismo, los aspectos ambientales que nos afectan, y estudia las predisposiciones genéticas y enfermedades que influyen en la salud. Se basa en el cuidado individual estudiando a cada paciente en el estado bioquímico, genético y ambiental. Se trata de un cuidado centrado en el paciente en vez del tratamiento de enfermedades; es un balance dinámico entre factores internos y externos que afectan el funcionamiento corporal.

Tanto en hombres como en mujeres, las enfermedades son manifestaciones de desbalances nutricionales, hormonales o electromagnéticos.

El aumento de peso es resultado del desbalance de hormonas, como insulina, tiroides, cortisol, progesterona, nutrientes, toxicidad y estrés. Mientras que el descenso cognitivo o falta de concentración y la pérdida de memoria resulta de las deficiencias hormonales, nutricionales, toxicidad y estrés. La deficiencia de hormona de tiroides baja la densidad del hueso y provoca envejecimiento en la piel.

Por esta razón, las terapias incluyen optimizar niveles hormonales con hormonas bioidénticas, nutrición, suplementos vitamínicos, tratamientos intravenosos, magnéticos y corporales, masajes terapéuticos y medicinas complementarias. Al optimizarlos, se estimulan a su vez las células madre. La llamemos medicina antienvejecimiento, regenerativa o funcional, definitivamente no es un mito.

En las últimas dos décadas se ha probado que esta rama de la medicina, al ser practicada correctamente, resulta en el mejoramiento de más de un 90 % de síntomas, como fatiga, insomnio, reducción del deseo sexual, aumento de peso, ansiedad, irritabilidad, depresión, dolores musculares, de articulaciones, y disminución en la concentración y función mental.

También resulta en más del 80 % de mejoramiento en enfermedades, como la fibromialgia, artritis reumatoide, reflujo gástrico, síndrome de fatiga crónica, síndrome premenstrual, de ovarios poliquísticos y de intestino irritable, colesterol alto, alta presión, infertilidad, ansiedad, problemas del sueño y, en los adolescentes, mejora el trastorno de atención (ADD).