Sopa de Popcorn… sólo en la cocina moderno-latina de Zest

Por Devorak Amadeo @PizcadeGourmet

22 may 2013, 12:00 am 3 min de lectura
Sopa de Popcorn… sólo en la cocina moderno-latina de Zest

Vas para el Water Beach Club a cenar, o al Waterclub, como le decíamos en mis tiempos de jangueo. Sabes que tendrás una noche trendy y chic en un ambiente moderno, lo que significa un posible dolor de pie por zapatos incómodos pero fabulosos. Sin embargo, cuando te abren las puertas tipo VIP en este hotel y recibes una calurosa bienvenida en el restaurante Zest todo eso se olvida, y sabes que vas pasar un rato espectacular.

En un espacio pequeño tipo oasis me sumergí en lo que es un ambiente sin pretensiones, ultramoderno y refrescante. La iluminación azul-verdosa, lámparas que simulan burbujas y cortinas reflejando efectos de marea me hicieron pensar que este sería el sitio favorito de la sirena Ariel si fuera una “it girl” de nuestra isla. Al fondo, la pared de concreto moldeada con una plancha de zinc me hizo pensar en una escena de naufragio con un tesoro escondido. Pero esa era la barra, así que todo lo que estaba ahí definitivamente era tesoro.

En este espacio el chef Raúl Correa practica su lema favorito: cocinar es para divertirse. Ese es el lema que promueven muchos chefs y entusiastas por igual, pero chef Raúl logra aplicarlo sin sacrificar la sanidad mental de nuestro paladar. Un punto de vista moderno-latino, enfocado en asombrarte con combinaciones obvias e inesperadas al mismo tiempo.

Primero, un chicharrón crujiente y nada grasoso, lo que permitió que apreciara las especias ahumadas en su sazón. Luego, la sopa estrella: sopa de popcorn. Fue todo un evento cuando la trajeron a la mesa. Unas copitas de brandy contenían una espuma con el popcorn y al momento me sirvieron la crema calientita. Mientras la tomaba podía apreciar el sabor dulzón del maíz con notas suaves de queso cheddar, y cómo las palomitas se iban desintegrando poco a poco en mi boca. ¡Bien interesante! Adicional probé la ensaladilla de pulpo, traído desde España, sumamente tierno y con sabor a mar, y las sabrosas y crujientes croquetas de clam chowder con jalea de shallots, porque donde hay croquetas yo digo presente.

Fue difícil escoger entre los platos principales, pero después de verme tentada por el “arroz” con pollo hecho con grano couscous, decidí ordenar el salmón con risotto de cilantro y coco, cremoso y bien tropical. Mi esposo disfrutó las costillitas deshuesadas con gnocchi de amarillo, y en su lista para la próxima está la langosta con risotto de tinta negra.

Los postres fueron la sensación. Probamos tres: el cheesecake de queso de cabra con salsa de mango que te explotaba en la boca con su nota media amarga de mango verde, una panna cotta de coco bien cremosa con sorbet de piña haciendo un guiño a la piña colada y unas barriguitas con pot de cr è me de tiramisú con (wait for it…) nutella en polvo.

Durante la noche distintos tragos llegaron a nuestra mesa, como el refrescante Purple Kool Aid, con bolitas gelatinosas de frambuesa, y otro de vodka, jugo de china y bien acanelado con una bola de hielo en el vaso, ¡delicioso! Al terminar la cena subimos a la hermosa terraza a tomarnos otras cositas, disfrutando la hermosa vista nocturna de la playa y la costa de Isla Verde (última foto de la foto-galería). Ahhh, esa brisita única ideal para cerrar la noche.

El servicio de todos fue excelente. Vi como los comensales en las otras mesas se reían disfrutando de la comida y el buen ambiente. En cuanto a los precios, me parecieron bastante razonables para este tipo de restaurante en un hotel, siendo la langosta el plato con el precio más alto a $32.

El chef Raúl, su cocina y todo el equipo del Water Beach Club me recordaron lo que los puertorriqueños nos sentimos orgullosos en proyectar: hospitalidad, pasión por lo que hacemos y mucho, pero que mucho sabor. ¡No lo dejen pasar!

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