Querida Ley de Cierre

Por Dennise Y. Pérez @denniseypr

15 may 2013, 12:00 am 4 min de lectura

Vivir en Puerto Rico es rico, pero es duro. Y vivir en Puerto Rico un domingo, por ejemplo, se supone que de acuerdo con el mito de todo país tropical, sea pasar un día divertido, de picnic y playa. O de iglesia, playa y picnic, de acuerdo con las prioridades de cada cual.

Pero los domingos pueden ser bien jodidos en el archipiélago. Es confuso a veces. Todos los días, los puertorriqueños tenemos permitido que nos dé hambre antes de las 11 de la mañana. Todos los días, los puertorriqueños tenemos permitido cambiarle las cuatro gomas al carro antes de las 11. Todos los días, los puertorriqueños tenemos permitido comprar café en la farmacia ante de las 11. Todos los días, tenemos permitido comprar un mapo y líquido de lavar antes de las 11. Wait! Todos los días, menos el domingo.

Nunca voy a entender la Ley de Cierre, y no por falta de explicación o información. Estoy clara de que fue una gran controversia en la década de los 80, cuando los sectores religiosos enfrentaron al sector comercial pidiendo un espacio para que los puertorriqueños pudieran reflexionar, dedicar a la familia, ir a misa, congregarse en comunidad. No tengo problemas con nada de eso; excepto que yo reflexiono a la hora que quiero, le dedico a mi familia todo el tiempo que quiero y voy a misa y me congrego a la hora que quiero.

Y saben qué, casi nunca antes de las 11. Además, lo hago porque quiero, no porque el Estado me separó un tiempo para hacerlo.

Me he cogido un día esperando que sean las 11 para ir al supermercado porque no tengo nada en casa y hay hambre, solo para caer en cuenta al rato de que es sábado, no domingo, que me pude haber ido hace horas a comprar, mucho antes de que comenzara a ver estrellitas y me sonaran la tripas. He parado en la farmacia a comprar harina de café un domingo temprano, porque no tengo, y me han dicho que no puedo por Ley de Cierre. ¿Qué, qué?

Querida Ley de Cierre: Yo soy boricua, tomo café con el alba; encima soy pisciana, le veo algo de romanticismo al aroma; y encima soy hyper, esperar hasta las 11:00 a.m. por una libra de café va contra mi salud, física y mental. Pobres naturistas, ¿te imaginas la rutina del domingo? De acuerdo con la Ley de Cierre, pueden comprar la bolsa de enema, pero no la bolsa de café. ¡No me los quiero imaginar el lunes!

Y las gomas del carro. O sea, que hay que orar para que no se me reviente una goma o me quede sin batería a las 7:00 a.m. un domingo, porque, guess what, a esperar cuatro horas, a 100 grados F@#… Fahrenheit.

Este pasado domingo fue Día de las Madres. Uno de los pocos días en los que yo no hago nada, y teniendo la urgencia de ir a comprar unos zapatos porque se me rompieron los míos y mi casa estaba a tres horas de distancia, otra vez la Ley de Cierre se interpuso en mi camino. Y esta vez fue peor. Porque no tuve que esperar cuatro horas como sería “normal” un domingo. Me quedé con el zapato roto y remendado y yo cojeando con disimulo todo el día hasta que pude llegar a casa, sí, gracias a la Ley de Cierre, que permite que el comercio simplemente cierre todo el Día de Madres. ¿No se come el Día de Madres? ¿Nadie necesita un Ajax el Día de Madres? ¿Qué hace una madre el Día de las Madres si se queda sin harina de café? ¿Va a Wendy’s con toda la cría?

Muy en serio pregunto si se supone que la Ley de Cierre nos ayudaría a ser mejores personas. Porque, si no es así, sugiero humildemente que se derogue la ley. Razón: objetivo incumplido. No somos mejores personas después que se aprobó la Ley de Cierre, a juzgar por las cifras del crimen. Al parecer, a los que de todos modos no les importa no se están levantando antes de las 11:00 a.m., ni se congregan, ni rezan, ni comparten, ni reflexionan. A esa gente no le importa ni mi café, ni mi mapo, ni mis gomas, ni mi zapato, ni mi cojera, ni todas las complicaciones que nos ocasionan.

Piénsenlo bien quienes tienen el poder de hacer algo. La Ley de Cierre no sirve. Algo anda mal con la ley esa. Deberíamos ser un mejor Puerto Rico. Al menos todos los domingos… antes de las 11:00 a.m.