Julie calza felicidad

Por Natasha Sagardía @NatashaSagardia

12 may 2013, 12:00 am 3 min de lectura

Tenía seis años cuando empezó. Abrió la puerta con su  sonrisa de bienvenida, esas sonrisas que lo dicen todo y que te empujan a querer sonreír simplemente contagiado de felicidad.

Nos conocemos hace más de 14 años. Ambas competimos juntas en el circuito de surfing de Puerto Rico y representamos al país en algunas selecciones mundiales, como en Sudáfrica. El recuerdo de ese viaje es una postal de nostalgia. Era para ambas un momento en el que todo era posible y que cada cual hacía su camino por el mundo del surfing profesional sin prisa, pero sin pausa.

Once años más tarde, cinco campeonatos nacionales, millas acumuladas por todos los continentes, el gran reconocimiento de los platos típicos de Luquillo (su ciudad natal), dos hijos, un trabajo de ensueño, la misma sonrisa, el mismo calzado.

Julie sigue probando que la felicidad es un estado en cada etapa diferente de nuestras vidas.

En su oficina, cómodamente sentada, me contó qué sigue siendo importante para ella ahora cuando ya no es una surfer profesional, pero su corazón sigue estando lleno de agua.

“El mar es mi escuela de conciencia, es mi conexión conmigo misma, y eso me despierta”.

Después de grandes años de carrera profesional como surfer y de sumar a la imagen profesional del deporte, Julie encontró un trabajo que le permitía mantener su estilo de vida y que combinaba muchos de sus más íntimos intereses: arte, ecología, pasión, mar, surfing y libertad.

Para ella, ser representante de Billabong Girls en Puerto Rico encarna  el espacio de producción y manifestación artística al que ella apunta. Sin embargo, Julie explora su relación con todo lo que hace de una manera muy personal y no se conforma con la zona de confort.

“Estar conectados con lo que hacemos es una decisión de felicidad; convierte el proceso de cada experiencia en uno emocionante, desafiante”.

Como una  conocedora de endorfinas y adrenalina, es una mujer que busca los retos en cada una de sus aventuras, en especial  en la de ser madre.

Para ella, la felicidad es una decisión, y tener la actitud correcta frente a las situaciones da la perspectiva necesaria para poder ver el vaso medio lleno. Lo admite como una responsabilidad de acción y de ejemplo para sus más pequeños admiradores: sus hijos.

“Todos los puertorriqueños necesitamos alinearnos de lo que deseamos sin necesariamente tener que pasarla mal en el camino” . Juntas concordamos que, de generación en generación, hemos crecido con dogmas que nos predisponen a entender que la felicidad no es un estado, sino un espacio, un momento y, en ocasiones, un recuerdo.

Para Julie vivir feliz es una decisión y una responsabilidad, incluso cuando los momentos son difíciles. “Hay que entenderlos como espacios de comparación, donde valoramos lo rico que es vivir en tranquilidad”.

Una mujer puertorriqueña que inspira con su contagiosa sonrisa de bienvenida y su continua invitación a vivir la felicidad de cada experiencia. Porque, después de todo, lo que es realmente importante es una decisión de vida y de calzado.