Mensaje de AGP: La misma historia de siempre
Mensaje de Estado no se apartó de las mismas fórmulas anticuadas
Si queremos construir una nueva patria, tenemos que comenzar a hacer cosas distintas, lo que también sugiere modificar nuestra mirada sobre la realidad social en la que vivimos y, al mismo tiempo, transformar las formas en que nos acercamos a ella.
El ejercicio implica una ruptura con las estrategias que sabemos no funcionan, porque las hemos agotado en el pasado. Se requiere, además, cambios radicales en las maneras de acercarnos a entender el entramado de relaciones que delinean nuestra sociedad, enfocados en la construcción de un país con más equidad, democracia y justicia.
Si examinamos con detenimiento las palabras pronunciadas por el gobernador esta semana, con motivo de su primer mensaje de Estado y presupuesto, notaremos que su mayor fragilidad está, precisamente, en no apartarse de las viejas fórmulas inservibles para atajar nuestros problemas sociales.
Ese es, justamente, el talón de Aquiles del primer ejecutivo. Al paso de su primer trimestre en el poder, su Gobierno no ha logrado conformar una visión de país que proponga un mejor futuro y, mientras persista inmerso en la retórica –continua y fallida– del discurso populista, poco avanzaremos. Hoy, tras examinar con detenimiento el mensaje oficialista, afirmamos que la escena social proyecta más de lo mismo, sin mayores alteraciones.
Al tratar el tema de la seguridad ciudadana, por ejemplo, el gobernador no superó las estrategias de prometer más chalecos y equipos para los policías y cumplir con el pago de sus horas trabajadas en exceso y un pírrico aumento salarial.
Sabemos, por el contrario, que la atención al problema criminal es más complejo. Las estrategias para un clima de mejor convivencia no están en el recrudecimiento del Estado punitivo y el fortalecimiento de los strike forces nacionales y federales.
Por el contrario, la solución a este problema, y hay vastos estudios que lo señalan, está anclada en la atención a las raíces sociales de los problemas que, en el entorno de nuestra realidad, yacen marcadas por signos de desigualdad.
En otro asunto, el de la inclusión social, hubiéramos preferido escuchar al mandatario hablar con un verbo contundente y determinado que nos alentara hacia la construcción de una sociedad más justa y democrática. Mas no fue así.
La no mención de la importancia de los derechos de la comunidad LGBTT, máxime cuando en la Legislatura se discuten proyectos importantes a favor de la protección de estos grupos, marcan signos de un Gobierno conservador que, una vez más, se rinde al chantaje del fundamentalismo religioso.
Este sector, el religioso, es precisamente el mismo que permanece bajo el ala proteccionista del Estado al ser excluido, una vez más, de su responsabilidad social de pagar impuestos, cuando es harto conocido que la inmensa mayoría de las iglesias operan como empresas lucrativas.
Si la solución a la crisis fiscal es un asunto frente al que todos los sectores sociales deberían estar dispuestos a aportar, como dice el Gobierno, la exclusión de las iglesias en una nueva política tributaria no se justifica.
Tampoco se explica cómo, en tiempo de crisis, el Gobierno continúa asumiendo una actitud laxa frente a sectores de nuestra economía que tienen gran capacidad económica de aportar al país y no lo hacen. En esa lista están las megatiendas de consumo, excluidas del plan de recuados fiscales que propone la administración, contrario a lo que sucede con los grupos profesionales productivos que tendrán que asumir una carga tributaria mayor.
La lamentable timidez con que el Gobierno se enfrenta a los representantes del gran capital es otra seña para entender que hay muchas cosas en la Isla que, pasadas las elecciones, continúan inalterables. Por suerte, el país es más grande y fuerte que el Gobierno de turno.