Fundamentalismos y otros demonios

“Todos sus argumentos partían de una base en común: el prejuicio, la discriminación, la homofobia y la transfobia”.

Por Damián Cabrera Candelaria

22 abr 2013, 11:00 pm 3 min de lectura

Recientemente, se estuvieron celebrando las vistas de los Proyectos 238 y 488, los cuales proponen prohibir el discrimen por orientación sexual e identidad de género y enmendar la Ley 54, para que cobije a otras personas sin importar su orientación sexual, identidad de género o estado marital, respectivamente.
Finalmente, y gracias a la lucha que por largos años han dado diversas organizaciones y personas, se presentan medidas que pretenden sacarnos de la invisibilidad y reconocer ante el Estado que somos seres humanos con igual dignidad. Como ha sido a lo largo de toda la historia, esta batalla no se daría sin un pulseo con el discurso demonizante de los fundamentalistas.

Con la Biblia bajo el brazo y un rolex en sus muñecas, salieron a “defender la moral” de este país. Sus argumentos, que hemos escuchado una y otra vez, iban desde lo pecaminoso hasta la pedofilia y el bestialismo. Todos sus argumentos partían de una base en común: el prejuicio, la discriminación, la homofobia y la transfobia. Absolutamente nada más allá de eso.

Contrario a lo que se podría pensar de un religioso, muchos sienten que sus creencias están siendo amenazadas porque no se les permitiría discriminar. Irónico, ¿no? Sin embargo, en ningún momento se les ha impuesto que interpreten la Biblia de otra manera o que cambien su discurso de odio; al contrario, que lo sigan teniendo, pero encerrado dentro de sus iglesias.

Insistían en defender lo indefendible. Pastores y pastoras afirmaban que había personas LGBT en sus iglesias, donde eran recibidos con abrazos y aceptación. Sin embargo, allí estaban una vez más tratando de pisotear nuestra humanidad a la vez que dejaban al descubierto toda su hipocresía. ¿Con qué cara estas personas de “fe” y de “bien” pueden ponerse del lado de la discriminación?

Muchos hasta cuestionaron si el discrimen por orientación sexual e identidad de género es una realidad en Puerto Rico. Ahora pregunto yo: “¿Acaso Jorge Steven López Mercado no es suficiente? ¿Se olvidaron del estilista homosexual asesinado violentamente en el oeste?”. Para aquellos que tienen una memoria corta, tan reciente como la semana pasada, cuatro personas fueron acusadas con agravante de crimen de odio por darle una paliza a un hombre homosexual, mientras le gritaban expresiones homofóbicas, hecho que casi le cuesta la vida.

¿Necesitan los fundamentalistas más crímenes viciosos como estos para aceptar su complicidad y para comprender que el discrimen por orientación sexual sí existe? Nosotras y nosotros, las personas lesbianas, gays, bisexuales, trans y queers, no olvidamos con facilidad y es que simplemente no lo podemos hacer ni aunque quisiéramos.

A diario se le recuerda a cada transgénero o transexual al negársele una entrevista, al tener documentos indicando un sexo que no les corresponde, al hacerlas vestirse con ropa masculina para que tan siquiera puedan ser consideradas. La incertidumbre de perder el empleo al salir del clóset le recuerda a cada joven homosexual, lesbiana o bisexual la disparidad que existe por ser como se es, por sentir como se siente y por amar como se ama. Se le recuerda a cada víctima de maltrato dentro de una relación que no hay ley que lo proteja contra el acoso y la agresión como a sus pares heterosexuales.

La lista podría ser interminable, pero por esas y muchísimas otras razones es que la lucha por la equidad continuará inmisericorde contra los falsos profetas de la moral y la discriminación, pues aborrecemos tanto la opresión como a aquel que oprime.