#Todossomos Superbowl

Por Dennise Y. Pérez @denniseypr

12 abr 2013, 11:00 pm 4 min de lectura

Se supone que en Puerto Rico somos bastante deportivos.  Más allá de lo que dicen las estadísticas medalleras, aquí el más o el que menos sabe algo de algún deporte. No necesariamente lo conoce porque lo practique, pero porque lo practica un conocido o porque tenga un relativo contacto con los medios. Yo sé poco de varios. Soy fanática de los Criollos y de las Criollas de Caguas en todo: en pelota, en baloncesto y en voleibol. Y si hubiera un equipo criollo de bolita y hoyo, también sería su fanática. Fue a lo que tuve acceso en mi desarrollo. Mis padres me llevaban al parque, y la verdad, eran muy buenos juegos. Y, con el perdón de mis amigos mayagüezanos, —ejem-— somos actualmente campeones. Pero si algo no ha cambiado desde que tengo uso de razón, es que los parques casi siempre están vacíos. Nunca he entendido bien cómo es que un pelotero juega ante una cantidad de espectadores ínfima y a veces bastante ridícula durante casi toda la temporada, hasta que más o menos empieza a definirse la cosa y los fanáticos empiezan a llegar. Quizás me equivoco, pero pienso que es un fenómeno muy de nosotros. En Estados Unidos, América Latina y Europa, los parques siempre tienen una cantidad decente de fanáticos. En los días de juego, los trenes y los autobuses se llenan de gente luciendo la camiseta de su equipo, a la altura de cualquier momento de la temporada. Pero es en los eventos mundiales y de mucho marketing en que los puertorriqueños de verdad botamos la bola. Ahí es raro encontrar a alguien que no sea experto. Todos nos armamos de datos para poder conversar; nos reunimos en casa de amigos con cualquier excusa para hacer bbq y darnos los palos mientras “vemos” el juego; apostamos entre el Barça y el Real Madrid como si de verdad supiéramos; le vamos todos a Brasil en la Copa Mundial porque nos gusta su joda y la batucada, pero en realidad no sabemos nada del resto de los equipos; le vamos a los Lakers porque han ganado un montón y Michael Jordan hace tiempo que no está en los Bulls… Somos una jodienda. Y lo más reciente, el Super Bowl. Ahí confieso que me da mucha risa la dinámica. El football, el americano, es bastante desconocido en Puerto Rico. Es un deporte al que nunca le he visto crecimiento en la Isla, contrario al caso del fútbol, o el soccer, que ha tenido un boom reciente en nuestra cultura. El football americano es mucho más limitado a una clase social media alta y alta, que ha tenido acceso a colegios y universidades en Estados Unidos, mayormente. El día del Super Bowl nos paralizamos todos y yo me atrevo a apostar a que si preguntas qué equipos juegan, la mayoría de la gente no tiene idea. En este último Super Bowl, cuando me preguntaron a qué equipo iba, hice una pausa sepulcral que delató mi desconocimiento absoluto de este deporte. El señor que me hizo la pregunta se dio cuenta de que yo no sabía nada y antes de obligarme a decir cualquier cosa por quedar bien, él mismo respondió: “Esta le va a Santurce”. Y me salvó de la ignorancia subrayando mi ignorancia. Nunca le he prestado mucha importancia a ese deporte en específico. Y siempre decía que por ser muy rudo, una grave inconsistencia de mi parte a juzgar por mi gusto por el boxeo y por las paveras que me daban cuando era chiquita al ver a mi abuelo todos los domingos al punto de un infarto en cada transmisión de lucha libre y mientras Carlitos Colón brincoteaba en el ring empapado en sangre (o en ketchup si es que la lucha libre es un fake). El marketing, los anuncios a costos astronómicos y el halftime show son la respuesta a la fiebre del Super Bowl, aquí y en todos lados. A mí me seguirá dando risa ver cuánto, de pronto, saben todos de los equipos que llegan a la final. Yo nunca sabré nada. Ese deporte me bloquea tanto como me bloqueaba el álgebra en la escuela. Pero el año que viene, como este, ahí estaré, en casa de algún pana, “viendo” el juego.  Ese día #todossomossuperbowl.